Javier Castillo Aparicio
Poeta recién llegado
Hoy estoy muerto.
Ya no late mi corazón
y mi cuerpo yace sin razón
en el gozo del olvido.
Bajo tierra sueño intenso
la rosa marchita del amor
y la dulce y distante pasión
de la vida y lo vivido.
Muerto hasta la médula.
Los ojos viendo la muerte
y los labios de muerte sedosos,
y tú mirando incrédula
la tumba de mi amor inocente
bajo cántaros de oro.
Muerta la pluma en mano
que escribía versos de vida,
muerta en mi mano muerta
y para siempre y nunca en vano,
por haber amado la vida
disfrutó, pero ya está muerta.
Hoy se apagaron las estrellas
en el cielo y en mi habitación,
tú me mataste a traición
y ahora callas y te das la vuelta.
¡Asesina! Por ti estoy yo muerto
porque te amé, y no te dije nada,
pero tú también me amabas
y sólo escuché tu silencio.
Ya no late mi corazón
y mi cuerpo yace sin razón
en el gozo del olvido.
Bajo tierra sueño intenso
la rosa marchita del amor
y la dulce y distante pasión
de la vida y lo vivido.
Muerto hasta la médula.
Los ojos viendo la muerte
y los labios de muerte sedosos,
y tú mirando incrédula
la tumba de mi amor inocente
bajo cántaros de oro.
Muerta la pluma en mano
que escribía versos de vida,
muerta en mi mano muerta
y para siempre y nunca en vano,
por haber amado la vida
disfrutó, pero ya está muerta.
Hoy se apagaron las estrellas
en el cielo y en mi habitación,
tú me mataste a traición
y ahora callas y te das la vuelta.
¡Asesina! Por ti estoy yo muerto
porque te amé, y no te dije nada,
pero tú también me amabas
y sólo escuché tu silencio.