• Nuevo Hazte Mecenas sin publicidad, blog propio, y apoya la poesía en español. Mi Libro de Poesía · Métrica Española (beta)

Muertos de amor

damianolivares

Poeta recién llegado
Las paredes rajadas y lastimadas del hotel,
fueron testigos del vestigio de amor.
Ellas, tímidas y calladas, sabían
los que los demás querían saber.

Aquella noche, injustamente abandonada por su noble astro;
ingresaron a la habitación dos amantes jóvenes,
un hombre y una mujer; que sin prender las luces,
decidieron cegarse con la oscuridad.

Se escucharon leves susurros, respiraciones agitadas,
dispersados por un viento sutil y enigmático,
y que terminaban siendo tragados por un agujero cósmico;
desesperadamente conquistados por la sombría habitación.

Primero, se escucharon dulces y cálidos gemidos;
el crujir y el galope de la noche era sedoso, exquisito.
El placer giraba manso, y el deseo era dócil, manejable.
Se ataban para acariciar las lunas rojas de sus cuerpos.

Después, lentamente se fueron levantando los mares;
la lujuria estaba enfurecida, el placer palpitaba funesto.
El galope dulce; había bebido y estaba embriagado de locura;
perdido entre sudores confusos y sin sabor; la oscuridad actuaba en lejanía.

Se escucharon sollozos; era ella,
extasiada y perdida en la negrura.
Se escucharon gritos; era él,
loco, mártir, el príncipe negro.

De pronto, un silencio profundo, muerto, difícil de digerir.
En la habitación rondaba el misterio como un lobo; no podía verse nada.
Las sombras, las tinieblas, las brumas, la oscuridad del infierno;
todas juntas, habían presenciado el ritual y su final, olían la muerte.

En la mañana siguiente, abrieron las puertas;
los encontraron tendidos en la cama, abrazados angelicalmente,
con la mirada clara de dos suicidas inocentes;
muertos de amor.
 
Ya te lei en estos temas, tenias que ser el diablo, odio el final jajajajjaja
pero te quedó bien¡
Saludos hermano¡
 
Las paredes rajadas y lastimadas del hotel,
fueron testigos del vestigio de amor.
Ellas, tímidas y calladas, sabían
los que los demás querían saber.

Aquella noche, injustamente abandonada por su noble astro;
ingresaron a la habitación dos amantes jóvenes,
un hombre y una mujer; que sin prender las luces,
decidieron cegarse con la oscuridad.

Se escucharon leves susurros, respiraciones agitadas,
dispersados por un viento sutil y enigmático,
y que terminaban siendo tragados por un agujero cósmico;
desesperadamente conquistados por la sombría habitación.

Primero, se escucharon dulces y calidos gemidos;
el crujir y el galope de la noche era sedoso, exquisito.
El placer giraba manso, y el deseo era dócil, manejable.
Se ataban para acariciar las lunas rojas de sus curpos.

Después, lentamente se fueron levantando los mares;
la lujuria estaba enfurecida, el placer palpitaba funesto.
El galope dulce; había bebido y estaba embriagado de locura;
perdido entre sudores confusos y sin sabor; la oscuridad actuaba en lejanía.

Se escucharon sollozos; era ella,
extasiada y perdida en la negrura.
Se escucharon gritos; era el,
loco, mártir, el príncipe negro.

De pronto, un silencio profundo, muerto, difícil de digerir.
En la habitación rondaba el misterio como un lobo; no podía verse nada.
Las sombras, las tinieblas, las brumas, la oscuridad del infierno;
todas juntas, habían presenciado el ritual y su final, olían la muerte.

En la mañana siguiente, abrieron las puertas;
los encontraron tendidos en la cama, abrazados angelicalmente,
con la mirada clara de dos suicidas inocentes;
muertos de amor.


BELLAS NOTAS POR UNA GRAN ENTREGA DE AMOR CUIDA ACENTOS Y ALGUNAS LETRAS SALUDOS
 
Tu poema atrapa desde la primera silaba y envuelve al lector en un misticismo, en una encrucijada, que se desparrama impune al abrir esa puerta, un abrazo y un placer leerte.
 
Nos llevas por tus versos, en un viaje de maravillosas imagenes, palpables, audibles, impregnadas en la pasión que al fianal sucumben cuerpo de dos enamorados que muriendo juntos alcanzaron la vida en el amor.

Un placer haber recorrido tus versos. Abrazos, Himinglaeva
 
Las paredes rajadas y lastimadas del hotel,
fueron testigos del vestigio de amor.
Ellas, tímidas y calladas, sabían
los que los demás querían saber.

Aquella noche, injustamente abandonada por su noble astro;
ingresaron a la habitación dos amantes jóvenes,
un hombre y una mujer; que sin prender las luces,
decidieron cegarse con la oscuridad.

Se escucharon leves susurros, respiraciones agitadas,
dispersados por un viento sutil y enigmático,
y que terminaban siendo tragados por un agujero cósmico;
desesperadamente conquistados por la sombría habitación.

Primero, se escucharon dulces y cálidos gemidos;
el crujir y el galope de la noche era sedoso, exquisito.
El placer giraba manso, y el deseo era dócil, manejable.
Se ataban para acariciar las lunas rojas de sus cuerpos.

Después, lentamente se fueron levantando los mares;
la lujuria estaba enfurecida, el placer palpitaba funesto.
El galope dulce; había bebido y estaba embriagado de locura;
perdido entre sudores confusos y sin sabor; la oscuridad actuaba en lejanía.

Se escucharon sollozos; era ella,
extasiada y perdida en la negrura.
Se escucharon gritos; era él,
loco, mártir, el príncipe negro.

De pronto, un silencio profundo, muerto, difícil de digerir.
En la habitación rondaba el misterio como un lobo; no podía verse nada.
Las sombras, las tinieblas, las brumas, la oscuridad del infierno;
todas juntas, habían presenciado el ritual y su final, olían la muerte.

En la mañana siguiente, abrieron las puertas;
los encontraron tendidos en la cama, abrazados angelicalmente,
con la mirada clara de dos suicidas inocentes;
muertos de amor.


NO CABE DUDAS, ERES EL DIABLO, PERO NO LOS PODIAS DEJAR VIVOS, ES PRECIOSS DIABLILLO...JAJAJAJAJA TE HAS ALIADO CON LA MUERTE..SALUDOS .. LEIRE
 
¡Que intenso! Me encantó, especialmente las ultimas 4 lineas, excelente final. Gracias por compartir tu talento. SC
 
Las paredes rajadas y lastimadas del hotel,
fueron testigos del vestigio de amor.
Ellas, tímidas y calladas, sabían
los que los demás querían saber.

Aquella noche, injustamente abandonada por su noble astro;
ingresaron a la habitación dos amantes jóvenes,
un hombre y una mujer; que sin prender las luces,
decidieron cegarse con la oscuridad.

Se escucharon leves susurros, respiraciones agitadas,
dispersados por un viento sutil y enigmático,
y que terminaban siendo tragados por un agujero cósmico;
desesperadamente conquistados por la sombría habitación.

Primero, se escucharon dulces y cálidos gemidos;
el crujir y el galope de la noche era sedoso, exquisito.
El placer giraba manso, y el deseo era dócil, manejable.
Se ataban para acariciar las lunas rojas de sus cuerpos.

Después, lentamente se fueron levantando los mares;
la lujuria estaba enfurecida, el placer palpitaba funesto.
El galope dulce; había bebido y estaba embriagado de locura;
perdido entre sudores confusos y sin sabor; la oscuridad actuaba en lejanía.

Se escucharon sollozos; era ella,
extasiada y perdida en la negrura.
Se escucharon gritos; era él,
loco, mártir, el príncipe negro.

De pronto, un silencio profundo, muerto, difícil de digerir.
En la habitación rondaba el misterio como un lobo; no podía verse nada.
Las sombras, las tinieblas, las brumas, la oscuridad del infierno;
todas juntas, habían presenciado el ritual y su final, olían la muerte.

En la mañana siguiente, abrieron las puertas;
los encontraron tendidos en la cama, abrazados angelicalmente,
con la mirada clara de dos suicidas inocentes;
muertos de amor.

Primero me pareció que el tema era de adultos y al final lo hubiero vuelto a cambiar y llevado a góticos. En realidad no estoy de acuerdo con el suicidio, ni siquiera por amor. Es un buen poema, bien tratado y expresado, al margen de mi opinión.

Besitos
 
definitivamente pura pasión....pero, cuando mas emocionada estaba los mataste jojo!!!..
Buen escrito felicidades, me ha gustado mucho
 
Las paredes rajadas y lastimadas del hotel,
fueron testigos del vestigio de amor.
Ellas, tímidas y calladas, sabían
los que los demás querían saber.

Aquella noche, injustamente abandonada por su noble astro;
ingresaron a la habitación dos amantes jóvenes,
un hombre y una mujer; que sin prender las luces,
decidieron cegarse con la oscuridad.

Se escucharon leves susurros, respiraciones agitadas,
dispersados por un viento sutil y enigmático,
y que terminaban siendo tragados por un agujero cósmico;
desesperadamente conquistados por la sombría habitación.

Primero, se escucharon dulces y cálidos gemidos;
el crujir y el galope de la noche era sedoso, exquisito.
El placer giraba manso, y el deseo era dócil, manejable.
Se ataban para acariciar las lunas rojas de sus cuerpos.

Después, lentamente se fueron levantando los mares;
la lujuria estaba enfurecida, el placer palpitaba funesto.
El galope dulce; había bebido y estaba embriagado de locura;
perdido entre sudores confusos y sin sabor; la oscuridad actuaba en lejanía.

Se escucharon sollozos; era ella,
extasiada y perdida en la negrura.
Se escucharon gritos; era él,
loco, mártir, el príncipe negro.

De pronto, un silencio profundo, muerto, difícil de digerir.
En la habitación rondaba el misterio como un lobo; no podía verse nada.
Las sombras, las tinieblas, las brumas, la oscuridad del infierno;
todas juntas, habían presenciado el ritual y su final, olían la muerte.

En la mañana siguiente, abrieron las puertas;
los encontraron tendidos en la cama, abrazados angelicalmente,
con la mirada clara de dos suicidas inocentes;
muertos de amor.



Upa dami, el amor mata he, y de que manera lindo, todo un oleaje de imágenes que inauguran la mente después de verterse entre ellas, un gusto siempre, besitos
Lau
 
Las paredes rajadas y lastimadas del hotel,
fueron testigos del vestigio de amor.
Ellas, tímidas y calladas, sabían
los que los demás querían saber.

Aquella noche, injustamente abandonada por su noble astro;
ingresaron a la habitación dos amantes jóvenes,
un hombre y una mujer; que sin prender las luces,
decidieron cegarse con la oscuridad.

Se escucharon leves susurros, respiraciones agitadas,
dispersados por un viento sutil y enigmático,
y que terminaban siendo tragados por un agujero cósmico;
desesperadamente conquistados por la sombría habitación.

Primero, se escucharon dulces y cálidos gemidos;
el crujir y el galope de la noche era sedoso, exquisito.
El placer giraba manso, y el deseo era dócil, manejable.
Se ataban para acariciar las lunas rojas de sus cuerpos.

Después, lentamente se fueron levantando los mares;
la lujuria estaba enfurecida, el placer palpitaba funesto.
El galope dulce; había bebido y estaba embriagado de locura;
perdido entre sudores confusos y sin sabor; la oscuridad actuaba en lejanía.

Se escucharon sollozos; era ella,
extasiada y perdida en la negrura.
Se escucharon gritos; era él,
loco, mártir, el príncipe negro.

De pronto, un silencio profundo, muerto, difícil de digerir.
En la habitación rondaba el misterio como un lobo; no podía verse nada.
Las sombras, las tinieblas, las brumas, la oscuridad del infierno;
todas juntas, habían presenciado el ritual y su final, olían la muerte.

En la mañana siguiente, abrieron las puertas;
los encontraron tendidos en la cama, abrazados angelicalmente,
con la mirada clara de dos suicidas inocentes;
muertos de amor.



Es ese tipo de amor el que sienten algunas personas (el cual no me creo capaz de sentir algun dia) tan intenso que les provoca morir de amor

bello tu poema te felicito
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo de nuestros Mecenas.

✦ Hazte Mecenas

Sin publicidad · Blog propio · Apoya la poesía en español

Atrás
Arriba