elias peñuela
Poeta recién llegado
A la mujer
le gusta que
mis manos
respiren su
contorno,
que se apodere
el beso de
sus labios,
que caigan
calas en su rostro.
Ojos de una
madera bien
oscura.
Su respiración
se agita.
Eres una mujer
en la tarde
cuando las aves
se despiden
con sonrisas.
La suave
distancia que
hay entre los pétalos
de una flor
es menor que
la algarabía
de tus
palabras cuando
intentas
incendiar mi
rostro.
Yo voy caminando,
tú vas trascendiendo
y te alcanzo
en la desnudes
de tus labios
que fácilmente
reposan
en la comisura
de mi boca,
como si fueses
una ola
como si yo
fuese una orilla.
le gusta que
mis manos
respiren su
contorno,
que se apodere
el beso de
sus labios,
que caigan
calas en su rostro.
Ojos de una
madera bien
oscura.
Su respiración
se agita.
Eres una mujer
en la tarde
cuando las aves
se despiden
con sonrisas.
La suave
distancia que
hay entre los pétalos
de una flor
es menor que
la algarabía
de tus
palabras cuando
intentas
incendiar mi
rostro.
Yo voy caminando,
tú vas trascendiendo
y te alcanzo
en la desnudes
de tus labios
que fácilmente
reposan
en la comisura
de mi boca,
como si fueses
una ola
como si yo
fuese una orilla.