Hotarubi
Poeta recién llegado
Las lágrimas de Boabdil,
calan en una tierra
de flosculo de ojos negros,
que se hunden en la hiel de la culebra,
para sanar su alucinación.
Perfume de naranjas y jazmín en su piel,
ella se cubre con un mantón de Manila
y utiliza sus dedos para peinar los flecos,
suave penetración que desenreda el deseo.
Pestañas, telarañas mojadas,
que se condensan en la ruptura de la voz,
un collar de perlas húmedo, es el rocío
hilado desde el vientre hasta la garganta,
que tira del cuerpo, tensión de un arco
a punto de impactar en una mirada.
Formando un cielo estrellado en
la desnudez fría del amanecer.
A través de la mantilla de chantilly
baila la gitana para el sultán,
escamas por piel, espejo de fuego,
que con el sol parece prenderse.
Ocaso que sangra lentamente
como baba escanciada en el silencio,
profundidad azabache del cante jondo.
La andaluza deja caer el abanico
en la frontera del descaro,
compulsión sobreexcitada
del amor sacro y profano,
preludio a la locura, la diplopía del alma,
donde muere el lamento del moro.
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