Mujer de sal

jabbier

Poeta recién llegado
Debiste hacerme caso cuando dije:
No hay que voltear atrás en la mudanza,
sino dejar las cicatrices tiradas en el piso,
incendiar los recuerdos
en los fogones de la noche
y meter las heridas
entre las grietas de los muros
para que el tiempo no las halle.

Debes marchar desnuda de añoranza;
no importa a dónde te dirijas,
sin cargas de rencores la travesía se acorta
y el corazón camina mansamente,
recuerdo que te dije.

Pero por comprobar que te alejabas
de mi ciudad y sus cercados,
para gozar la estela de la huida,
giraste la cabeza,
y al regresar de nuevo al frente la mirada
no estaba el espejismo que convocó tu fuga.

Y te quedaste sola
en los primeros pasos, suspendida,
sin huella ni horizonte,
con tus labios de sal apuntando al poniente;
y a la centella oscura de mis ojos
se encadenó tu cuerpo
con la salinidad de la memoria,

Quizá algún día la lluvia te pueda regresar
la carne y los latidos que perdiste;
escúchame esta vez:
ya no vuelvas la cara,
toma el camino del perdón: te llevará al olvido.
 
Ohhh Muy Bueno El Final Me Gusto Mucho! Un Placer Leer Tu Poema!

Saludos Y Estrellas!
 
Debiste hacerme caso cuando dije:
No hay que voltear atrás en la mudanza,
sino dejar las cicatrices tiradas en el piso,
incendiar los recuerdos
en los fogones de la noche
y meter las heridas
entre las grietas de los muros
para que el tiempo no las halle.

Debes marchar desnuda de añoranza;
no importa a dónde te dirijas,
sin cargas de rencores la travesía se acorta
y el corazón camina mansamente,
recuerdo que te dije.

Pero por comprobar que te alejabas
de mi ciudad y sus cercados,
para gozar la estela de la huida,
giraste la cabeza,
y al regresar de nuevo al frente la mirada
no estaba el espejismo que convocó tu fuga.

Y te quedaste sola
en los primeros pasos, suspendida,
sin huella ni horizonte,
con tus labios de sal apuntando al poniente;
y a la centella oscura de mis ojos
se encadenó tu cuerpo
con la salinidad de la memoria,

Quizá algún día la lluvia te pueda regresar
la carne y los latidos que perdiste;
escúchame esta vez:
ya no vuelvas la cara,
toma el camino del perdón: te llevará al olvido.

Buen poema, Jabbier, me gusta la reflexión desandando los versos para llegar a ese espléndido final. Estrellas y aplausos, poeta.

Big abrazos
 
Debiste hacerme caso cuando dije:
No hay que voltear atrás en la mudanza,
sino dejar las cicatrices tiradas en el piso,
incendiar los recuerdos
en los fogones de la noche
y meter las heridas
entre las grietas de los muros
para que el tiempo no las halle.

Debes marchar desnuda de añoranza;
no importa a dónde te dirijas,
sin cargas de rencores la travesía se acorta
y el corazón camina mansamente,
recuerdo que te dije.

Pero por comprobar que te alejabas
de mi ciudad y sus cercados,
para gozar la estela de la huida,
giraste la cabeza,
y al regresar de nuevo al frente la mirada
no estaba el espejismo que convocó tu fuga.

Y te quedaste sola
en los primeros pasos, suspendida,
sin huella ni horizonte,
con tus labios de sal apuntando al poniente;
y a la centella oscura de mis ojos
se encadenó tu cuerpo
con la salinidad de la memoria,

Quizá algún día la lluvia te pueda regresar
la carne y los latidos que perdiste;
escúchame esta vez:
ya no vuelvas la cara,
toma el camino del perdón: te llevará al olvido.



La salinidad de la memoria... Oh, qué hermosura. Es como imaginar la región inmensa de los recuerdos como a una salina. Y el lagrimal, extenuado, por fin acabará de lavar al dolor... ¿No?

Un poema en el que se desliza el Duelo y en el que el reconocimiento de la pérdida se vuelve como lluvia después de la sequía.

Oh, tus versos, Jabb... por siempre Jab...
Estrellas salerosas y un abrazo desde Buenos Aires.
 
Muchas personas solemos decir cosas similares a otras, sigue tu camino sin mirar atras..es muy dificil dejar tu pasado y miar al frente y seguir, es dificil comenzar cosas nuevas pero son cosas a la que la vida nos enfrenta... Agradable leerte...


...AYER SOÑE QUE ME QUERIAS... :::triste:::
 
Qué buen uso de este pasaje bíblico! Además de muy original. como eje de tu poema. lo resolviste espléndidamente. Aicila
 
Jabbier, la sal del amor se disuelve con la lluvia de las lágrimas, a lo mejor sólo queden los restos de unas boronitas convertidas en olvido y con ello el perdón y un nuevo comienzo.
Me encantó pasearme tus líneas.

Besitos de turrón de maní muuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuak...
 

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