Debiste hacerme caso cuando dije:
No hay que voltear atrás en la mudanza,
sino dejar las cicatrices tiradas en el piso,
incendiar los recuerdos
en los fogones de la noche
y meter las heridas
entre las grietas de los muros
para que el tiempo no las halle.
Debes marchar desnuda de añoranza;
no importa a dónde te dirijas,
sin cargas de rencores la travesía se acorta
y el corazón camina mansamente,
recuerdo que te dije.
Pero por comprobar que te alejabas
de mi ciudad y sus cercados,
para gozar la estela de la huida,
giraste la cabeza,
y al regresar de nuevo al frente la mirada
no estaba el espejismo que convocó tu fuga.
Y te quedaste sola
en los primeros pasos, suspendida,
sin huella ni horizonte,
con tus labios de sal apuntando al poniente;
y a la centella oscura de mis ojos
se encadenó tu cuerpo
con la salinidad de la memoria,
Quizá algún día la lluvia te pueda regresar
la carne y los latidos que perdiste;
escúchame esta vez:
ya no vuelvas la cara,
toma el camino del perdón: te llevará al olvido.
No hay que voltear atrás en la mudanza,
sino dejar las cicatrices tiradas en el piso,
incendiar los recuerdos
en los fogones de la noche
y meter las heridas
entre las grietas de los muros
para que el tiempo no las halle.
Debes marchar desnuda de añoranza;
no importa a dónde te dirijas,
sin cargas de rencores la travesía se acorta
y el corazón camina mansamente,
recuerdo que te dije.
Pero por comprobar que te alejabas
de mi ciudad y sus cercados,
para gozar la estela de la huida,
giraste la cabeza,
y al regresar de nuevo al frente la mirada
no estaba el espejismo que convocó tu fuga.
Y te quedaste sola
en los primeros pasos, suspendida,
sin huella ni horizonte,
con tus labios de sal apuntando al poniente;
y a la centella oscura de mis ojos
se encadenó tu cuerpo
con la salinidad de la memoria,
Quizá algún día la lluvia te pueda regresar
la carne y los latidos que perdiste;
escúchame esta vez:
ya no vuelvas la cara,
toma el camino del perdón: te llevará al olvido.
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