José Ignacio Ayuso Diez
Epicuro y la ataraxia, sin miedos ...
¡MUJER, DIVINO TESORO!
Mujer, divino tesoro.
Eres la flor de la alegría,
la que da color a nuestra vida.
Eres nuestra ave que nos alegra
con dulces melodías.
La que creó Dios para darnos compañía.
Qué sabio fue El Creador,
qué buen corazón tenía.
Que te hizo de una costilla de Adán,
de ese Adán que ahora suda para ganarse el pan.
Ese primer hombre, que gracias a él y su soledad,
existes para cuidar y agasajar.
Recuerda mujer mía, que “eres la costilla de Adán”.
Él es nuestro referente,
el espejo en el que todos los hombres
nos queremos ver y reflejar.
Tu creación, ya sabes, fue para complacernos,
para ser nuestro bastión de apoyo.
La madre de nuestros hijos ¡Nuestros!
-tú eres nuestra costilla nada más-.
Para perpetuar nuestra estirpe.
Eres quien crea hogar y nos espera sin rechistar.
El reposo del guerrero… -sin cita ni naaaa-
Lo eres todo para nosotros…
pero eso sí, con un defectillo
que se le pasó al Creador.
Y gracias que nos puso sobre aviso,
nos alertó. Nos contó la historia
de Eva y la manzana del árbol prohibido.
¡Ay, ay, ay! Qué desagradecida fue
aquella primera mujer.
Pero nosotros ya no lo tenemos casi en cuenta.
Por ello desde entonces, nos hemos visto
obligados a tutelaros, a dirigiros, a controlaros.
Pero todo desde el cariño y el amor.
¡Somos casi tan magnánimos como El Creador,
Nuestro Señor!
Es que El Creador fue grande, muy grande,
según nos contaron y siguen contando
los estudiosos de su creación. Pues nos colmó
de todo lo necesario, nos dotó de inteligencia,
creó a todo tipo de animales para que nos
hicieran la vida más cómoda y confortable,
creó la vegetación, el sol, los ríos, tantas cosas,
todo tan bien pensado, que no le faltó detalle.
Y eso a pesar de vuestra metedura de pata con la dichosa manzanita.
Nosotros, los hombres, somos su creación preferida,
nos hizo a su imagen y semejanza. A nosotros los hombres.
No a vosotras las mujeres. Que fuisteis las responsables
de nuestro sudar y enfermar. A veces me imagino
a aquella mujer en el Edén, anda y que le den.
Aún así no nos podemos quejar.
¡A que sí!
¿A que estáis de acuerdo conmigo?
Mujeres de Adán.
Por todo esto, desde el principio de los tiempos,
Mujer.Te hemos cuidado tanto y tan bien.
Te enseñamos a respetar, a querer, a cuidar…
Aunque tengo que preguntarte,
algo que se me escapa y quisiera entender.
¿Te enseñamos también a respetarTe,
a quererTe, a cuidarTe…?
O tal vez no?, tal vez...
nadie quiso que aprendieras.
¿Para qué?... ¿Verdad?
Para qué perder el tiempo.
Qué necesidad tienes mujer de cuidarte,
de protegerte,
para eso ya está el hombre, “tu macho”.
¿Qué necesidad tiene la mujer de quererse…
o de respetarse…?
Si eso son “bobadas”
de las que no tiene que preocuparse.
...No debe desviar la atención de lo importante..
...ella debe y se debe a su “hombre”…
a su “macho”… que la tendrá como…
a una princesa en su gran palacio de cristal.
Que LE comprará una preciosa casa
con una impresionante cocina, grande,
para que se sienta libre, sin agobios, llena de gozo.
Le comprará también, una aspiradora inteligente,
una lavadora inteligente y una plancha a la última,
llena de glamour y más gozo.
La llenará de vestidos a tutiplén, los que ella quiera,
pero eso sí, que él tendrá que dar su merecer.
Lencería fina, que precise él.
La cosmética para que se sienta guapa a sus ojos,
sobre todo, a los de él.
¿No te lo parece? ¡Qué ilusión es nacer mujer!
¡TE permiten hacer tantas cosas…! …
…conducir un coche, -para acercar a los niños al cole-
…abrirte una cuenta bancaria,
…votar; hacer toples,
llevar pantalones de hombre, ¡De hombre! ¡Qué honor!
Trabajar, fumar, decir palabrotas,
montar en bicicleta, etecé, etecé, etecé.
¡Que ya no se de qué te quejas, mujer!
Si eres nuestra flor de la alegría.
Qué mejor sitio para una flor
que un florero de porcelana fina.
Si eres nuestra ave cantora
que nos llena de paz con su melodía.
Qué mejor sitio para un ave que canta,
que una preciosa jaula de oro.
¡Qué bien que te creó Dios para…
para... nuestra dicha!
Por todo ello y más, nosotros, los hombres,
en virtud de nuestro apoyo a vuestra causa
y reivindicación,
hemos decidido concederte, mujer,
la Cruz de Oro al Mérito.
Por la que te premiamos,
y te ponemos delante del resto de criaturas,
muy próxima a nosotros.
¡Qué buenos somos y qué comprensivos!
¡No dejo de sorprenderme!
¡Mujer, divino tesoro!
Ah! No te olvides de limpiar los cristales
de mi estudio…teee quieeeeerooooo!
… y no me esperes para cenar,
tengo trabajo hasta tarde…chao, chao.
Mujer, divino tesoro.
Eres la flor de la alegría,
la que da color a nuestra vida.
Eres nuestra ave que nos alegra
con dulces melodías.
La que creó Dios para darnos compañía.
Qué sabio fue El Creador,
qué buen corazón tenía.
Que te hizo de una costilla de Adán,
de ese Adán que ahora suda para ganarse el pan.
Ese primer hombre, que gracias a él y su soledad,
existes para cuidar y agasajar.
Recuerda mujer mía, que “eres la costilla de Adán”.
Él es nuestro referente,
el espejo en el que todos los hombres
nos queremos ver y reflejar.
Tu creación, ya sabes, fue para complacernos,
para ser nuestro bastión de apoyo.
La madre de nuestros hijos ¡Nuestros!
-tú eres nuestra costilla nada más-.
Para perpetuar nuestra estirpe.
Eres quien crea hogar y nos espera sin rechistar.
El reposo del guerrero… -sin cita ni naaaa-
Lo eres todo para nosotros…
pero eso sí, con un defectillo
que se le pasó al Creador.
Y gracias que nos puso sobre aviso,
nos alertó. Nos contó la historia
de Eva y la manzana del árbol prohibido.
¡Ay, ay, ay! Qué desagradecida fue
aquella primera mujer.
Pero nosotros ya no lo tenemos casi en cuenta.
Por ello desde entonces, nos hemos visto
obligados a tutelaros, a dirigiros, a controlaros.
Pero todo desde el cariño y el amor.
¡Somos casi tan magnánimos como El Creador,
Nuestro Señor!
Es que El Creador fue grande, muy grande,
según nos contaron y siguen contando
los estudiosos de su creación. Pues nos colmó
de todo lo necesario, nos dotó de inteligencia,
creó a todo tipo de animales para que nos
hicieran la vida más cómoda y confortable,
creó la vegetación, el sol, los ríos, tantas cosas,
todo tan bien pensado, que no le faltó detalle.
Y eso a pesar de vuestra metedura de pata con la dichosa manzanita.
Nosotros, los hombres, somos su creación preferida,
nos hizo a su imagen y semejanza. A nosotros los hombres.
No a vosotras las mujeres. Que fuisteis las responsables
de nuestro sudar y enfermar. A veces me imagino
a aquella mujer en el Edén, anda y que le den.
Aún así no nos podemos quejar.
¡A que sí!
¿A que estáis de acuerdo conmigo?
Mujeres de Adán.
Por todo esto, desde el principio de los tiempos,
Mujer.Te hemos cuidado tanto y tan bien.
Te enseñamos a respetar, a querer, a cuidar…
Aunque tengo que preguntarte,
algo que se me escapa y quisiera entender.
¿Te enseñamos también a respetarTe,
a quererTe, a cuidarTe…?
O tal vez no?, tal vez...
nadie quiso que aprendieras.
¿Para qué?... ¿Verdad?
Para qué perder el tiempo.
Qué necesidad tienes mujer de cuidarte,
de protegerte,
para eso ya está el hombre, “tu macho”.
¿Qué necesidad tiene la mujer de quererse…
o de respetarse…?
Si eso son “bobadas”
de las que no tiene que preocuparse.
...No debe desviar la atención de lo importante..
...ella debe y se debe a su “hombre”…
a su “macho”… que la tendrá como…
a una princesa en su gran palacio de cristal.
Que LE comprará una preciosa casa
con una impresionante cocina, grande,
para que se sienta libre, sin agobios, llena de gozo.
Le comprará también, una aspiradora inteligente,
una lavadora inteligente y una plancha a la última,
llena de glamour y más gozo.
La llenará de vestidos a tutiplén, los que ella quiera,
pero eso sí, que él tendrá que dar su merecer.
Lencería fina, que precise él.
La cosmética para que se sienta guapa a sus ojos,
sobre todo, a los de él.
¿No te lo parece? ¡Qué ilusión es nacer mujer!
¡TE permiten hacer tantas cosas…! …
…conducir un coche, -para acercar a los niños al cole-
…abrirte una cuenta bancaria,
…votar; hacer toples,
llevar pantalones de hombre, ¡De hombre! ¡Qué honor!
Trabajar, fumar, decir palabrotas,
montar en bicicleta, etecé, etecé, etecé.
¡Que ya no se de qué te quejas, mujer!
Si eres nuestra flor de la alegría.
Qué mejor sitio para una flor
que un florero de porcelana fina.
Si eres nuestra ave cantora
que nos llena de paz con su melodía.
Qué mejor sitio para un ave que canta,
que una preciosa jaula de oro.
¡Qué bien que te creó Dios para…
para... nuestra dicha!
Por todo ello y más, nosotros, los hombres,
en virtud de nuestro apoyo a vuestra causa
y reivindicación,
hemos decidido concederte, mujer,
la Cruz de Oro al Mérito.
Por la que te premiamos,
y te ponemos delante del resto de criaturas,
muy próxima a nosotros.
¡Qué buenos somos y qué comprensivos!
¡No dejo de sorprenderme!
¡Mujer, divino tesoro!
Ah! No te olvides de limpiar los cristales
de mi estudio…teee quieeeeerooooo!
… y no me esperes para cenar,
tengo trabajo hasta tarde…chao, chao.
José Ignacio Ayuso
(P.D. Todo mi respeto y cariño a todas las Evas de este Mundo)