Renato Canales
Poeta recién llegado
sólo existe una mujer perfecta;
y a ésta, sólo la posee
cada hombre cuya alegría inquieta,
hace que más y más la desee.
Sólo hay una, cuyas crines celestiales
convierten en lacónicas las tristezas;
los iracundos hacen mota de sus males,
y en un segundo hacen un bien de su tristeza.
No hay dos, cuya mirada sin ambages
levante del letargo entre insomnios
ni otra que profiera en silencio
un "alavadme" sin pronunciar palabra
No hay perfección fuera de ella
ni defecto más gracioso
ni afecto más venidero
ni bien más hermoso
ni amor tan verdadero
No se murmura de otra ambición
que mirar voluptuosa su sonrisa
y soportar los dulces ambages de su emoción
y los recelos de su cariño
No hay otra que se ajuste al corpiño
gigantesco de hebras latentes
que profusa alegría y vida
como quien fuere de nuevo un niño
no hay otra en la que encaje
con perfecta simetría brazos y cabeza
ni otra que crine tan sutilmente
las sienes en su regazo
no hay copia al gemelo del amor
alma tersa, límpida de males
vitoreada media naranja
dueña del amor y sus nominales
no hay otra más perfecta en el mundo
ni canto que entonce tu voz dulzona
ni poesía adulona que te merezca
ni hombre ajeno que te ame más que yo
y a ésta, sólo la posee
cada hombre cuya alegría inquieta,
hace que más y más la desee.
Sólo hay una, cuyas crines celestiales
convierten en lacónicas las tristezas;
los iracundos hacen mota de sus males,
y en un segundo hacen un bien de su tristeza.
No hay dos, cuya mirada sin ambages
levante del letargo entre insomnios
ni otra que profiera en silencio
un "alavadme" sin pronunciar palabra
No hay perfección fuera de ella
ni defecto más gracioso
ni afecto más venidero
ni bien más hermoso
ni amor tan verdadero
No se murmura de otra ambición
que mirar voluptuosa su sonrisa
y soportar los dulces ambages de su emoción
y los recelos de su cariño
No hay otra que se ajuste al corpiño
gigantesco de hebras latentes
que profusa alegría y vida
como quien fuere de nuevo un niño
no hay otra en la que encaje
con perfecta simetría brazos y cabeza
ni otra que crine tan sutilmente
las sienes en su regazo
no hay copia al gemelo del amor
alma tersa, límpida de males
vitoreada media naranja
dueña del amor y sus nominales
no hay otra más perfecta en el mundo
ni canto que entonce tu voz dulzona
ni poesía adulona que te merezca
ni hombre ajeno que te ame más que yo
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