David Adonay Morán Peña
Poeta recién llegado
Eras el acantilado que representaba tenerte
eras para mí, como la ballesta para la ballena
eras la frontera para el emigrante
eras el sol para el esquimal.
Tú eras la Beatriz para Dante, y esta hoja, Virgilio, que me llevara hacia ti
eras la quimera de tres cabezas Una que me mata otra que me encanta y otra que me tortura
pero al final me encantas tan malditamente arrogante
no cabía duda que había fuego en su mirada.
Y que su cabello estaba hecho de lava
Pero al final me quedara el placer de admirar el espectáculo de tu holocausto
Mientras me recuesto en un sofá
eras para mí, como la ballesta para la ballena
eras la frontera para el emigrante
eras el sol para el esquimal.
Tú eras la Beatriz para Dante, y esta hoja, Virgilio, que me llevara hacia ti
eras la quimera de tres cabezas Una que me mata otra que me encanta y otra que me tortura
pero al final me encantas tan malditamente arrogante
no cabía duda que había fuego en su mirada.
Y que su cabello estaba hecho de lava
Pero al final me quedara el placer de admirar el espectáculo de tu holocausto
Mientras me recuesto en un sofá