Ezegaleon
Poeta recién llegado
Mujer que ya no escuchas mis palabras,
que estás tan lejos que ni te alcanza esta melancolía,
hoy desperté con una pluma en la mano y te escribo.
Mujer que no me oye, que alguna vez fue mía.
Un insomnio recurrente, de pálidos temores, de noche enteras,
de horas cambiadas y angustias invasivas, que deberían vivir al otro lado del mundo.
Eso soy.
Mujer de infinidad de lunas repartidas en el rostro,
hay una llama que no se apagó al marcharte,
que desató un incendio masivo que abarca mi mundo,
y que solo con tu presencia puede apagarse.
Mujer de mis días y mis noches, de mi desgracia y suerte.
Mujer que no me oye y, en la distancia, no me extraña,
desperté en silencio creyendo que todo era un sueño,
quise encontrarte en mis brazos, pero ya no estabas.
que estás tan lejos que ni te alcanza esta melancolía,
hoy desperté con una pluma en la mano y te escribo.
Mujer que no me oye, que alguna vez fue mía.
Un insomnio recurrente, de pálidos temores, de noche enteras,
de horas cambiadas y angustias invasivas, que deberían vivir al otro lado del mundo.
Eso soy.
Mujer de infinidad de lunas repartidas en el rostro,
hay una llama que no se apagó al marcharte,
que desató un incendio masivo que abarca mi mundo,
y que solo con tu presencia puede apagarse.
Mujer de mis días y mis noches, de mi desgracia y suerte.
Mujer que no me oye y, en la distancia, no me extraña,
desperté en silencio creyendo que todo era un sueño,
quise encontrarte en mis brazos, pero ya no estabas.
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