Alejandro G. Vera
Poeta recién llegado
Mujer de miel que espesa como el vino
supo hacer de mí mil maravillas.
Mujer de fuego, diosa hecha de arcilla.
Detestable y malvada, aun te quiero...
Tempestad que sucumbe entre tus piernas,
mi alma gastada augura tu refugio,
que es ya de otro, no de este
que te ama y te recuerda entre saladas lágrimas...
Vendaval del desierto, ser de fuego,
conjunción de mis sueños, sano juego
de jugar a besarse, hoy te extraño.
Y aun te odio y te amo, como siempre...
Detestable y adorada, hermosa mujer diablo,
para mi alma de niño destellado...
Nunca supiste perdonar mi llanto,
yo jamás quise ser verdugo de tus letras.
No me arrepiento, y aun así te lloro...
para siempre, o por un rato que sea eterno...
supo hacer de mí mil maravillas.
Mujer de fuego, diosa hecha de arcilla.
Detestable y malvada, aun te quiero...
Tempestad que sucumbe entre tus piernas,
mi alma gastada augura tu refugio,
que es ya de otro, no de este
que te ama y te recuerda entre saladas lágrimas...
Vendaval del desierto, ser de fuego,
conjunción de mis sueños, sano juego
de jugar a besarse, hoy te extraño.
Y aun te odio y te amo, como siempre...
Detestable y adorada, hermosa mujer diablo,
para mi alma de niño destellado...
Nunca supiste perdonar mi llanto,
yo jamás quise ser verdugo de tus letras.
No me arrepiento, y aun así te lloro...
para siempre, o por un rato que sea eterno...