Eladio Trigo
Poeta fiel al portal
MUJER SIN SER, MUJER.
Ella era caprichosa, caprichosa y extraña como cualquier
mujer que esta tierra pisaba, hermosa, tan hermosa que
su hermosura a la hermosura insultaba, cual era su lindeza
que al mirarse al espejo este, en mil pedazos saltaba, tanta
era la belleza que su ser arrastraba que al sol, envidiaba.
Era una mujer iluminada por una cristalina dulzura, pero
que desorbitaba en la triste realidad de una petulante existencia,
pues con guiños que me enviaba con una cruel apariencia,
aguijoneaba a mis sentidos de una mentirosa esencia.
Endiablada mujer de piel soñada pero de sentimientos
tan fríos que, como un verdadero tesoro guardaba, y con
la frente alzada, pecaminosamente relucía con descarada
y nacarada presencia su lustrosa divinidad enjaulada.
La sangre alta de temperatura, irascible me enardecía,
cuando con una imprudencia desmesurada mi mente
se trasladaba, al fuego que de ella recogía, sueños o
quimeras por mi deseadas, mi sangre ardía.
Ilusa confesión extingo de mi dimensión, si la mujer de
plata, oro quiere ser, antes debe encontrar la humildad
para olvidarse de su desafiante y presuntuosa altivez, si
de verdad quiere ser una mujer, a la que darle todo mi ser.
Yo, serenamente agazapado viviré con mi orgullo tercamente,
pues sarmentoso brota en mi piel dichosamente, si la estupidez
de una mujer que con sus gestos me quiere hacer enloquecer,
mis ojos ciegos, serán mi única lucidez y mi alma, mi amanecer.
Eladio Trigo.
20.11.06.
Ella era caprichosa, caprichosa y extraña como cualquier
mujer que esta tierra pisaba, hermosa, tan hermosa que
su hermosura a la hermosura insultaba, cual era su lindeza
que al mirarse al espejo este, en mil pedazos saltaba, tanta
era la belleza que su ser arrastraba que al sol, envidiaba.
Era una mujer iluminada por una cristalina dulzura, pero
que desorbitaba en la triste realidad de una petulante existencia,
pues con guiños que me enviaba con una cruel apariencia,
aguijoneaba a mis sentidos de una mentirosa esencia.
Endiablada mujer de piel soñada pero de sentimientos
tan fríos que, como un verdadero tesoro guardaba, y con
la frente alzada, pecaminosamente relucía con descarada
y nacarada presencia su lustrosa divinidad enjaulada.
La sangre alta de temperatura, irascible me enardecía,
cuando con una imprudencia desmesurada mi mente
se trasladaba, al fuego que de ella recogía, sueños o
quimeras por mi deseadas, mi sangre ardía.
Ilusa confesión extingo de mi dimensión, si la mujer de
plata, oro quiere ser, antes debe encontrar la humildad
para olvidarse de su desafiante y presuntuosa altivez, si
de verdad quiere ser una mujer, a la que darle todo mi ser.
Yo, serenamente agazapado viviré con mi orgullo tercamente,
pues sarmentoso brota en mi piel dichosamente, si la estupidez
de una mujer que con sus gestos me quiere hacer enloquecer,
mis ojos ciegos, serán mi única lucidez y mi alma, mi amanecer.
Eladio Trigo.
20.11.06.