pequeña anie
Poeta que considera el portal su segunda casa
Fuí aquella imagen que casí se consume
en las oscuras leyes que impartías,
aquella que creyendo en tu amor
casí muere en soledad con el alma fría.
Fuí aquella niña que besó tu boca
con la ilusión que la envenenaría,
aquella flor que en tus fronteras
sin libertad a la ilusión marchitaría.
Fuí el diamante que en tu piel brilló
y que como cristal lo rompiste,
fuí la esclava a la que azotaste
y la muñeca que con tu ego esculpiste.
Fuí la mujer que se volvió tu abrigo
y que juró que nunca te dejaría,
fuí la mujer que por ti, daba la vida
la que con lealtad te amó en agonía.
Muerte bendita que liberó sin penas
a la fiera que dócil dormía rendida,
libre de cadenas, en pie, aún herida
expulsó el cruel amor de sus venas.
Aullando con la piel desgarrada
la última lágrima derramó salvaje,
la luna se estremeció hechizada
ante el grito que se volvió tatuaje.
Mujer con ansías de ser amada
sin caer en trampas indeseables,
fiera eterna de alma indomable
con amor y valentía, ¡armada!.