Te vi venir con tus ojos húmedos de entrega, de esperanzas,
Apenas creías en algo, apenas limpiando tú alma, casi recogiéndola.
Te veía llegar, te invitaba a pasar, casi no creías,
Querías esperar tu castillo dentro de mí,
mis brazos abiertos recogían tus penas, dolores y tinieblas
al fin descansabas tu alma en mi alma, tranquila como la hierba.
Recogí las gotas tristes de tus ojos, como monedas de oro,
como no queriendo devolvértelas jamás,
Mis besos atraparon tu boca y dos corazones se fundieron,
Hablamos de un amor que solo puede apagar la muerte,
Y vivimos negando esa muerte, ese fin sin suerte.
No lloraba el cielo, no había ni sangre ni males,
Solo nosotros en un mundo blanco, solo nosotros en el viento,
Avanzamos con nuestros puños apretando nuestros corazones,
Como no queriéndolos soltar jamás, como eterno tatuaje de amor,
Como una historia sin final, jurándonos honor.
Llegamos algún lugar y nos cubrió el polvo,
De pronto ya no nos vimos, apenas nos escuchamos, apenas te veía,
Gritaba tu nombre y las sombras cubrían tus oídos y escondían tu corazón,
Nos perdimos, alcanzar tus manos me era difícil sin las mías,
Nuestros puños ya se habían soltados, sin darnos cuenta, invisibles.
Hoy ya no puedo recoger gotas de tus ojos,
Hoy ya no puedo recoger tu corazón,
Ahora mis propias gotas se pierden en la tierra, en el olvido y en la desdicha,
Ya no puedo mirarte para recibir tus manos, manos lejanas, manos que recogerán otra alma,
Caen gotas grises de mis ojos, esperando que de la tierra asome otra flor.
Apenas creías en algo, apenas limpiando tú alma, casi recogiéndola.
Te veía llegar, te invitaba a pasar, casi no creías,
Querías esperar tu castillo dentro de mí,
mis brazos abiertos recogían tus penas, dolores y tinieblas
al fin descansabas tu alma en mi alma, tranquila como la hierba.
Recogí las gotas tristes de tus ojos, como monedas de oro,
como no queriendo devolvértelas jamás,
Mis besos atraparon tu boca y dos corazones se fundieron,
Hablamos de un amor que solo puede apagar la muerte,
Y vivimos negando esa muerte, ese fin sin suerte.
No lloraba el cielo, no había ni sangre ni males,
Solo nosotros en un mundo blanco, solo nosotros en el viento,
Avanzamos con nuestros puños apretando nuestros corazones,
Como no queriéndolos soltar jamás, como eterno tatuaje de amor,
Como una historia sin final, jurándonos honor.
Llegamos algún lugar y nos cubrió el polvo,
De pronto ya no nos vimos, apenas nos escuchamos, apenas te veía,
Gritaba tu nombre y las sombras cubrían tus oídos y escondían tu corazón,
Nos perdimos, alcanzar tus manos me era difícil sin las mías,
Nuestros puños ya se habían soltados, sin darnos cuenta, invisibles.
Hoy ya no puedo recoger gotas de tus ojos,
Hoy ya no puedo recoger tu corazón,
Ahora mis propias gotas se pierden en la tierra, en el olvido y en la desdicha,
Ya no puedo mirarte para recibir tus manos, manos lejanas, manos que recogerán otra alma,
Caen gotas grises de mis ojos, esperando que de la tierra asome otra flor.