Tu enemistad supera a cualquier otra virtud que puedas inventar, en esta época de tu vida.
Me alegro mucho por saber quién eres, en tanto en cuánto, te muestras árida.
En ti, no puedo sembrar ni un solo árbol del pistacho.
Tengo más esperanzas en mí mismo, a la hora de dar a luz, alguna idea.
Espero que no te sientas substituida, pero yo, para mujeres, me basto solo.