Ziler
Poeta recién llegado
En este mundo al revés, mi racionalismo se vuelve honrado y no permito que el ego sea la base de toda certeza; no sé si Descartes aprobaría esto, pero necesito existir para luego pensar. El sol, en la paradoja que planteo, me congela con rayos que perforan mi memoria tan profundo que solo hallo un fútil cariño, petrificado por el tiempo.
Aguardo el ladrido de ese perro negro sobre mi tejado, alimentando esta esquizofrenia maldita de descuartizar mis palabras sin descoser el sudario tejido, obligando a mi piel a expandirse para exhalar, por cada poro, una soledad tan pegajosa que ninguna religión es capaz de purificar.
Me obligaron a habitar en este universo invertido, donde el ruido de mis sesos es el único sosiego que emana de este lacerado lápiz. Mientras un acelerado corazón invita a bailar a mi ansiedad, yo termino bebiendo a solas, acompañado por ese ladrido que retumba en el salón; en esta oscuridad no me guío por el hilo rojo del destino, aunque esté compuesto por los retazos de su cabello.
Este mundo me ha mentido. Si todo está al revés, ¿por qué me hicieron creer que yo, este insignificante gusano, era capaz de volar? Sigo vivo, pero me siento muerto, retratando con mi mano a los ángeles que me esperan en algún infierno celeste, mientras mis demonios recorren sin prisa este paraíso calcinado. Los acompaño en paisajes tan grotescos que socavan con alevosía un futuro podrido, donde avanzo únicamente para retornar al principio.
Aguardo el ladrido de ese perro negro sobre mi tejado, alimentando esta esquizofrenia maldita de descuartizar mis palabras sin descoser el sudario tejido, obligando a mi piel a expandirse para exhalar, por cada poro, una soledad tan pegajosa que ninguna religión es capaz de purificar.
Me obligaron a habitar en este universo invertido, donde el ruido de mis sesos es el único sosiego que emana de este lacerado lápiz. Mientras un acelerado corazón invita a bailar a mi ansiedad, yo termino bebiendo a solas, acompañado por ese ladrido que retumba en el salón; en esta oscuridad no me guío por el hilo rojo del destino, aunque esté compuesto por los retazos de su cabello.
Este mundo me ha mentido. Si todo está al revés, ¿por qué me hicieron creer que yo, este insignificante gusano, era capaz de volar? Sigo vivo, pero me siento muerto, retratando con mi mano a los ángeles que me esperan en algún infierno celeste, mientras mis demonios recorren sin prisa este paraíso calcinado. Los acompaño en paisajes tan grotescos que socavan con alevosía un futuro podrido, donde avanzo únicamente para retornar al principio.