Nommo
Poeta veterano en el portal
Ella era mi espejo mágico.
En él, yo me miraba todos los días de mi larga vida.
¡ Larga vida al rey ! Gritaban los feligreses de la parroquia, congregados.
Así que les presenté a mi esposa, que a veces, reposa sobre el piano de cola, en el salón dorado.
Ella bosteza porque no se acostumbra a la luz diurna, que entra por las vidrieras de colores.
El obispo la bendice con las manos en cruz,
mientras las monjas la tapan para desnudarla y lavarla, en una bañera.
La gente aplaude y sonríe, porque saben que eso es bello, bueno y sano.
Mi señora es una belleza muy campechana y no quiero que se resfríe.
Hacemos el Amor, encima del altar, sobre un colchón mullido, hecho de plumas de ganso.
De repente, nos bombardean los aviones de Adolf Hitler, con la intención de eliminarnos del mapa.
Salgo volando por el torreón eclesiástico, con mi capa roja y el traje azul marino.
Me enfrento a esos poderosos aviones super-sónicos y los voy despedazando.
Luego, muy agotado, física y psicológicamente, me vuelvo andando. Caminando.
Mi mujer vuelve al espejo, y el espejo, al baúl de los Recuerdos, que comparto con otras civilizaciones.
Me siento en ese mueble y nos vamos elevando.
Entonces, bajo el cielo azul turquesa, todo explota y sucumbe.
Mi mujer vuelve a ser mía, esta vez sobre las nubes.
Y así, nuestros hijos son los mundos habitados.
En él, yo me miraba todos los días de mi larga vida.
¡ Larga vida al rey ! Gritaban los feligreses de la parroquia, congregados.
Así que les presenté a mi esposa, que a veces, reposa sobre el piano de cola, en el salón dorado.
Ella bosteza porque no se acostumbra a la luz diurna, que entra por las vidrieras de colores.
El obispo la bendice con las manos en cruz,
mientras las monjas la tapan para desnudarla y lavarla, en una bañera.
La gente aplaude y sonríe, porque saben que eso es bello, bueno y sano.
Mi señora es una belleza muy campechana y no quiero que se resfríe.
Hacemos el Amor, encima del altar, sobre un colchón mullido, hecho de plumas de ganso.
De repente, nos bombardean los aviones de Adolf Hitler, con la intención de eliminarnos del mapa.
Salgo volando por el torreón eclesiástico, con mi capa roja y el traje azul marino.
Me enfrento a esos poderosos aviones super-sónicos y los voy despedazando.
Luego, muy agotado, física y psicológicamente, me vuelvo andando. Caminando.
Mi mujer vuelve al espejo, y el espejo, al baúl de los Recuerdos, que comparto con otras civilizaciones.
Me siento en ese mueble y nos vamos elevando.
Entonces, bajo el cielo azul turquesa, todo explota y sucumbe.
Mi mujer vuelve a ser mía, esta vez sobre las nubes.
Y así, nuestros hijos son los mundos habitados.
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