En cada abuelo, hay un niño despierto,
y en cada niño, un abuelo dormido.
En cada amante, hay un cántaro abierto,
y en cada adiós, hay un pájaro herido.
y en cada niño, un abuelo dormido.
En cada amante, hay un cántaro abierto,
y en cada adiós, hay un pájaro herido.
En cada soledad, hay un camino muerto,
y en cada encuentro, otro que ha nacido.
En cada beso, un cielo descubierto,
y en cada despedida...hay un mundo perdido.
y en cada encuentro, otro que ha nacido.
En cada beso, un cielo descubierto,
y en cada despedida...hay un mundo perdido.
Marino Fabianesi