Erina de Telos
Poeta recién llegado
Coqueta e idiota,
muñeca rota,
estupida tonta
que se dejó engañar.
Me privé de miradas furtivas
y de encuentros casuales y prohibidos.
Olvidé lo que desgarraba el alma
y lo convertí en poesía pegajosa y dócil.
Sonsaqué sonrisas quebrajosas
y amanecí en la penumbra de unos brazos
que nunca quise abrazar.
Prisionera entre cadenas de diamantes,
entre palabras malsonantes,
en jaulas de oro que no me dejan respirar.
¿En que momento renuncié a mi libertad?
¿En que momento me hice prisionera,
absurda e ingenua, de mi propio desear?
Coqueta e idiota,
muñeca rota,
estupida tonta
que se dejó engañar.
muñeca rota,
estupida tonta
que se dejó engañar.
Me privé de miradas furtivas
y de encuentros casuales y prohibidos.
Olvidé lo que desgarraba el alma
y lo convertí en poesía pegajosa y dócil.
Sonsaqué sonrisas quebrajosas
y amanecí en la penumbra de unos brazos
que nunca quise abrazar.
Prisionera entre cadenas de diamantes,
entre palabras malsonantes,
en jaulas de oro que no me dejan respirar.
¿En que momento renuncié a mi libertad?
¿En que momento me hice prisionera,
absurda e ingenua, de mi propio desear?
Coqueta e idiota,
muñeca rota,
estupida tonta
que se dejó engañar.