Robsalz
Poeta que considera el portal su segunda casa
No durará mucho la noche en pedirle un beso a tus labios,
Sólo está esperando a que te descuides
Para conseguirlo,
No tardará mucho la luna en bajar a escondidas a robártelo
Porque es su cómplice y mata por su compañía,
Lo sabré yo,
Que cuando duermo escucho sus palabras de soledad,
Repican en las paredes de mi cuarto a toda hora
Las ha sacado de un baúl
Y las acomoda en sus sueños al despertar,
Y las mantiene allí por un tiempo
Por corto tiempo, nada más.
Se le habrá ocurrido subir a tu ventana
Para hallarlos,
Pero como acostumbras salir a pasear
Con el sereno de la noche
Se le hace difícil hurtar tus caricias.
Te narro un cuento:
Una princesa dormía con la madrugada en su habitación,
Lo sé, porque fui su confidente
Cuando me lo solicitó.
Me invitó a que la espiara mientras reposaba en su lecho,
Parecía una muñeca de cristal cuando dormía,
Sus cabellos negros
Decoraban el tono blanco de su cuerpo,
La princesa que era su compañera,
Dormía al otro extremo del cuarto,
Tenía una cierta apariencia de inocencia en sus ojos
Aunque sus labios tibiamente daban otra sensación.
Yo que no tenía más motivo para estar allí
Que el pedido de mi amiga,
Preferí sentarme en una silla,
A voz y causa de que el sueño no llegaba a buscarme,
Nada, no entiendo aún por qué,
Desviaba mi atención de la madrugada,
No era que me gustara
Aunque ciertamente tenía algo, que a mi vista,
Me resultaba exótico en su rostro.
Aún así, continué sentado más por cortesía que por deseo,
Pero igual, era agradable verla mientras dormía
Porque como dije anteriormente era una muñeca de cristal,
Pero hasta el cristal más fino se puede quebrar
Y ella no era la excepción,
La vi pedir a la princesa que le robara un beso
Con tal pasión,
Que sus labios se humedecieron como si los mojara la lluvia.
Y deseé ponerme en pie para robárselo yo
Pero me abstuve, porque entendí
Que ella no esperaba que yo fuese a su cita,
Pero ella le seguía pidiendo
A su compañera que accediera a su pedido
Y la otra desde su lecho hacía su misma petición.
El deseo era notorio en ambas
Pero no se animaban a consumar su ruego,
La madrugada caminó dormida (eso creo)
Hasta el lugar donde se hallaba la princesa,
Y sus manos comenzaron a acariciar la piel
Del rostro de su compañera
Y el trato fue recíproco para con ella,
Sus labios se estrellaron y no recuerdo haber visto un beso
Que provocara tanto ser visto,
Pero sus besos empezaron a caminar otros rumbos
Y sus vestidos de noche se humedecían
Y se pintaban de lápiz labial.
Y presentí que debía permanecer allí cuando noté que sus ropas
Se desprendían de sus cuerpos,
Y sus ruegos sonaron más íntimos pero también más profundos,
Y sus cuerpos quedaron desnudos frente a mí
Su ropa íntima se desprendió por encanto,
La madrugada se atrevía más
Con las horas nocturnas,
Y sus cuerpos comenzaron a sudar del deseo
De ese rato de placer que enardecía entre ellas.
Ninguna sintió vergüenza, sólo deseo de continuar,
La princesa me miró y volvió a besar a la madrugada
Que se acomodaba en su cintura,
Y el sol bajó sólo para contemplarlas junto a mí,
Ya sus cuerpos y sus mentes no les pertenecían
Ya no eran ellas,
Sólo eran un par de cuerpos entregados el uno al otro,
A ese sabor que ponían en la cama donde estaban,
Sus cuerpos desnudos se rozaban con plena libertad
Sus senos se estrellaban
Y sus caderas se compaginaron.
Desde entonces...
Acudo cada tercer día, cuando lo pide la madrugada
Disfruto y desde hace un mes hago compañía,
Cada día que pasa, la noche es más grata.
Sólo está esperando a que te descuides
Para conseguirlo,
No tardará mucho la luna en bajar a escondidas a robártelo
Porque es su cómplice y mata por su compañía,
Lo sabré yo,
Que cuando duermo escucho sus palabras de soledad,
Repican en las paredes de mi cuarto a toda hora
Las ha sacado de un baúl
Y las acomoda en sus sueños al despertar,
Y las mantiene allí por un tiempo
Por corto tiempo, nada más.
Se le habrá ocurrido subir a tu ventana
Para hallarlos,
Pero como acostumbras salir a pasear
Con el sereno de la noche
Se le hace difícil hurtar tus caricias.
Te narro un cuento:
Una princesa dormía con la madrugada en su habitación,
Lo sé, porque fui su confidente
Cuando me lo solicitó.
Me invitó a que la espiara mientras reposaba en su lecho,
Parecía una muñeca de cristal cuando dormía,
Sus cabellos negros
Decoraban el tono blanco de su cuerpo,
La princesa que era su compañera,
Dormía al otro extremo del cuarto,
Tenía una cierta apariencia de inocencia en sus ojos
Aunque sus labios tibiamente daban otra sensación.
Yo que no tenía más motivo para estar allí
Que el pedido de mi amiga,
Preferí sentarme en una silla,
A voz y causa de que el sueño no llegaba a buscarme,
Nada, no entiendo aún por qué,
Desviaba mi atención de la madrugada,
No era que me gustara
Aunque ciertamente tenía algo, que a mi vista,
Me resultaba exótico en su rostro.
Aún así, continué sentado más por cortesía que por deseo,
Pero igual, era agradable verla mientras dormía
Porque como dije anteriormente era una muñeca de cristal,
Pero hasta el cristal más fino se puede quebrar
Y ella no era la excepción,
La vi pedir a la princesa que le robara un beso
Con tal pasión,
Que sus labios se humedecieron como si los mojara la lluvia.
Y deseé ponerme en pie para robárselo yo
Pero me abstuve, porque entendí
Que ella no esperaba que yo fuese a su cita,
Pero ella le seguía pidiendo
A su compañera que accediera a su pedido
Y la otra desde su lecho hacía su misma petición.
El deseo era notorio en ambas
Pero no se animaban a consumar su ruego,
La madrugada caminó dormida (eso creo)
Hasta el lugar donde se hallaba la princesa,
Y sus manos comenzaron a acariciar la piel
Del rostro de su compañera
Y el trato fue recíproco para con ella,
Sus labios se estrellaron y no recuerdo haber visto un beso
Que provocara tanto ser visto,
Pero sus besos empezaron a caminar otros rumbos
Y sus vestidos de noche se humedecían
Y se pintaban de lápiz labial.
Y presentí que debía permanecer allí cuando noté que sus ropas
Se desprendían de sus cuerpos,
Y sus ruegos sonaron más íntimos pero también más profundos,
Y sus cuerpos quedaron desnudos frente a mí
Su ropa íntima se desprendió por encanto,
La madrugada se atrevía más
Con las horas nocturnas,
Y sus cuerpos comenzaron a sudar del deseo
De ese rato de placer que enardecía entre ellas.
Ninguna sintió vergüenza, sólo deseo de continuar,
La princesa me miró y volvió a besar a la madrugada
Que se acomodaba en su cintura,
Y el sol bajó sólo para contemplarlas junto a mí,
Ya sus cuerpos y sus mentes no les pertenecían
Ya no eran ellas,
Sólo eran un par de cuerpos entregados el uno al otro,
A ese sabor que ponían en la cama donde estaban,
Sus cuerpos desnudos se rozaban con plena libertad
Sus senos se estrellaban
Y sus caderas se compaginaron.
Desde entonces...
Acudo cada tercer día, cuando lo pide la madrugada
Disfruto y desde hace un mes hago compañía,
Cada día que pasa, la noche es más grata.
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