Luis Felipe Ortiz
Poeta recién llegado
Mirar tus ojos, mi niña, es mirar el cielo.
Preciosa muñequita deporcelana; tierna y delicada.
Cuando sonríes todo se ilumina
Y el tiempo se detiene sólo para grabarte en su memoria.
Cuando me miras olvido que eres música y yo silencio,
Que tú apenas vas
Hacia ese inevitable lugar de donde vengo de regreso.
Mis manos ávidas y lascivas procuran tu cuerpo
Para extasiarse
Y mi boca pecaminosa se deleita
con el anhelado sabor de tu fresca desnudez.
Cuando pronuncias mi nombre
Escucho melodías celestiales
Y nacen ríos de alegría,
Como cristalinos manantiales.
Refrescando mis tormentosos y atribulados días.
Mirar tus ojos, mi niña, es mirar el cielo.
Preciosa muñequita de porcelana.
No me importaría sucumbir en el infierno
Tan solo si me regalas un momento contigo.
Preciosa muñequita deporcelana; tierna y delicada.
Cuando sonríes todo se ilumina
Y el tiempo se detiene sólo para grabarte en su memoria.
Cuando me miras olvido que eres música y yo silencio,
Que tú apenas vas
Hacia ese inevitable lugar de donde vengo de regreso.
Mis manos ávidas y lascivas procuran tu cuerpo
Para extasiarse
Y mi boca pecaminosa se deleita
con el anhelado sabor de tu fresca desnudez.
Cuando pronuncias mi nombre
Escucho melodías celestiales
Y nacen ríos de alegría,
Como cristalinos manantiales.
Refrescando mis tormentosos y atribulados días.
Mirar tus ojos, mi niña, es mirar el cielo.
Preciosa muñequita de porcelana.
No me importaría sucumbir en el infierno
Tan solo si me regalas un momento contigo.
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