[El muñeco de trapo llora desde el baúl de los juguetes viejos, mirando hacia las alturas, plañendo versos para su amada, la preciosa muñeca de porcelana. El Rey de los juguetes muertos (un payaso de madera mutilado) manda a su presencia al muñeco poeta, y le advierte de los terribles peligros del amor, y más aún cuando es confeso hacia un objeto de semejante hermosura]
Estoy hecho de trapo, muñequita linda
Mi pelo es de hebras de cerdo
Y mi cuerpo está cosido.
Más el urdid que me creó
Zurció en mi pecho un corazón,
En el genio de su dedal,
De un alma me dotó.
El muñeco de trapo, en ardiente suspirar
Canta a una muñequita, sin parase a pensar.
He llegado a saber
De tus suspiros poetas
Tu bohemio languidecer.
Dicen que tienes la sangre intoxicada
De veneno de mujer.
Pero me asalta la duda,
Me mordió la curiosidad.
No busco más que respuestas,
Quiero saber la verdad.
Pues, ¿no estás hecho
De vómito, esputo,
Lagartos y serpientes?
Tu boca me dice que no
Tus ojos... que mientes.
Acércate un momento
Y que te sirva de escarmiento
¿Ves este ojo sangriento?
Puedes observar:
Tallado en buena madera,
Como era de esperar
Más no fue suficiente, para recibir piedad,
Un lactante perturbado
Infectado de crueldad,
Disfrutó en mutilar
Este miembro de mi cuerpo
¡Asesino ocular!
Lo hizo muy despacio
Para mayor disfrutar.
Antes mi rostro lucía
Una sonrisa de alegría
Ahora me miro al espejo
Y veo el fiel reflejo
De muerte y agonía,
De cruel melancolía.
Fue en aquel instante
Cuando tuve una visión
Tuerto, ¡que ironía!
Arrojado a una prisión.
Este cubo de basura
Sin dictador ni ley,
De muerte y olvidados
Que me nombrarían Rey
De modo amigo mío, que escucha la razón
A mí me arrancaron el ojo
A tí pueden quitarte el corazón.
[/img]
Estoy hecho de trapo, muñequita linda
Mi pelo es de hebras de cerdo
Y mi cuerpo está cosido.
Más el urdid que me creó
Zurció en mi pecho un corazón,
En el genio de su dedal,
De un alma me dotó.
El muñeco de trapo, en ardiente suspirar
Canta a una muñequita, sin parase a pensar.
He llegado a saber
De tus suspiros poetas
Tu bohemio languidecer.
Dicen que tienes la sangre intoxicada
De veneno de mujer.
Pero me asalta la duda,
Me mordió la curiosidad.
No busco más que respuestas,
Quiero saber la verdad.
Pues, ¿no estás hecho
De vómito, esputo,
Lagartos y serpientes?
Tu boca me dice que no
Tus ojos... que mientes.
Acércate un momento
Y que te sirva de escarmiento
¿Ves este ojo sangriento?
Puedes observar:
Tallado en buena madera,
Como era de esperar
Más no fue suficiente, para recibir piedad,
Un lactante perturbado
Infectado de crueldad,
Disfrutó en mutilar
Este miembro de mi cuerpo
¡Asesino ocular!
Lo hizo muy despacio
Para mayor disfrutar.
Antes mi rostro lucía
Una sonrisa de alegría
Ahora me miro al espejo
Y veo el fiel reflejo
De muerte y agonía,
De cruel melancolía.
Fue en aquel instante
Cuando tuve una visión
Tuerto, ¡que ironía!
Arrojado a una prisión.
Este cubo de basura
Sin dictador ni ley,
De muerte y olvidados
Que me nombrarían Rey
De modo amigo mío, que escucha la razón
A mí me arrancaron el ojo
A tí pueden quitarte el corazón.