MURIENDO AL FINAL DE UN INVIERNO.
No consigo sacarte de mi
ni me dejas estar contigo
en la Mesopotámia del finito
mi vida se escapa entre dos ríos.
Farsante charlatán que clandestinamente
embaucaste al pensamiento y sin lamento
dejas el aliento de la muerte muriéndose.
Arrebatos y se sublevan las presas del alma
carnívoros besos sin lengua ni calor
todo callo del lado de la inconsciencia
derroche de fabulas en las marcas de las caras
de las monedas que no tienen sentido del humor
y sin dios a quien implorarle retozar entre absurdos.
Danzantes
que robaron las sábanas
de los fantasmas
que enamorados huían
y consumiendo el verso
que cautiva los oídos
se quedó ensimismado el labio
buscando un beso
que no fuera de una lápida
ni de un silencio
vacíos interiores que rondan
la pasión
vida sin pensarlo ya eres imagen del cadalso.
Abrir las rejas de las primaveras de flores marchitas
renombre el hombre a la libertad de tenerte
compases de incienso en el vaso de la muerte
a sabiendas de perderse te queden los ojos
enamorados de una mirada
réquiem y ventanas abiertas en el averno
dónde no cabe el arrepentimiento
se quedó el amor muriendo
junto a la muerte del invierno.
No consigo sacarte de mi
ni me dejas estar contigo
en la Mesopotámia del finito
mi vida se escapa entre dos ríos.
Farsante charlatán que clandestinamente
embaucaste al pensamiento y sin lamento
dejas el aliento de la muerte muriéndose.
Arrebatos y se sublevan las presas del alma
carnívoros besos sin lengua ni calor
todo callo del lado de la inconsciencia
derroche de fabulas en las marcas de las caras
de las monedas que no tienen sentido del humor
y sin dios a quien implorarle retozar entre absurdos.
Danzantes
que robaron las sábanas
de los fantasmas
que enamorados huían
y consumiendo el verso
que cautiva los oídos
se quedó ensimismado el labio
buscando un beso
que no fuera de una lápida
ni de un silencio
vacíos interiores que rondan
la pasión
vida sin pensarlo ya eres imagen del cadalso.
Abrir las rejas de las primaveras de flores marchitas
renombre el hombre a la libertad de tenerte
compases de incienso en el vaso de la muerte
a sabiendas de perderse te queden los ojos
enamorados de una mirada
réquiem y ventanas abiertas en el averno
dónde no cabe el arrepentimiento
se quedó el amor muriendo
junto a la muerte del invierno.
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