Me gusta cuando dices groserías
y piensas en la voz de tu cabeza;
tus dramas, tus enojos, tu tristeza;
también tus estaciones y tus días.
A veces -te lo digo con franqueza-,
te pienso entre tu siesta vespertina,
y luego, ya despierta, me fascina
pensar que siempre hueles a cereza.
Yo soy el egoísta que en rutina
le pide al cruel reloj que más no avance
y más hace que el tiempo se abalance
si acaso estás conmigo, peregrina.
Ya en esta Musa frágil, clandestina;
te doy el hombro izquierdo pa' llorar,
y más si necesitas descansar
de aquello que te aqueja en el camino.
No cambies ese amor al más divino
y acuérdate de mi alma en tu pensar.
y piensas en la voz de tu cabeza;
tus dramas, tus enojos, tu tristeza;
también tus estaciones y tus días.
A veces -te lo digo con franqueza-,
te pienso entre tu siesta vespertina,
y luego, ya despierta, me fascina
pensar que siempre hueles a cereza.
Yo soy el egoísta que en rutina
le pide al cruel reloj que más no avance
y más hace que el tiempo se abalance
si acaso estás conmigo, peregrina.
Ya en esta Musa frágil, clandestina;
te doy el hombro izquierdo pa' llorar,
y más si necesitas descansar
de aquello que te aqueja en el camino.
No cambies ese amor al más divino
y acuérdate de mi alma en tu pensar.