LUIS ENRIQUE DOMINGUEZ
Poeta recién llegado
La brisa entra suave, apenas susurante
Un olor a lavanda impregna melancólico el ambiente
Las hojas se mecen suavemente
Como mariposas fijas, con miedo a volar
El sol se marcha triste
Un brillo de luna despierta luceros
Un grillo travieso y alborotado
Inicia su ensayo para el concierto nocturno
La inmensa bóveda de la noche nos atrapa
Te beso con ternura, casi novelesco
Tu perfume de mujer me envuelve
La lavanda desplazada se cierra en sus espigas
El susurro de tus palabras aturde mis pensamientos
Mi corazón late enloquecido, junto al tuyo
Nos fundimos con la noche impetuosa
En este romance eterno, atrapados en un mundo paralelo
Sin miedos, sin dolores, sin tristezas
El sol termina de marcharse, regalándonos colores nuevos
Y con ellos la mejor música de primavera
El latido de nuestros corazones, juntos y otra ves jóvenes
Un olor a lavanda impregna melancólico el ambiente
Las hojas se mecen suavemente
Como mariposas fijas, con miedo a volar
El sol se marcha triste
Un brillo de luna despierta luceros
Un grillo travieso y alborotado
Inicia su ensayo para el concierto nocturno
La inmensa bóveda de la noche nos atrapa
Te beso con ternura, casi novelesco
Tu perfume de mujer me envuelve
La lavanda desplazada se cierra en sus espigas
El susurro de tus palabras aturde mis pensamientos
Mi corazón late enloquecido, junto al tuyo
Nos fundimos con la noche impetuosa
En este romance eterno, atrapados en un mundo paralelo
Sin miedos, sin dolores, sin tristezas
El sol termina de marcharse, regalándonos colores nuevos
Y con ellos la mejor música de primavera
El latido de nuestros corazones, juntos y otra ves jóvenes