coral
Una dama muy querida en esta casa.
Mutismo
¡Ya no queda espacio en medio del mutismo!
donde yo quisiera guardar por siempre mis suspiros.
¡Tú te vas! y yo, quedo en litigio
sin saber si derramar mi llanto
o quedarme flotando en este espacio frío
donde quedan solitarios,
los gritos, gritos de los niños,
sus estrepitosas risas recorriendo cuartos
y a veces dejando sus encantos,
en medio de un gran bullicio bullicio del momento,
porque después, mi alma queda en un incierto desespero
y es que nunca acierto a descubrir en mí,
este extraño menester que es el quererlos.
Vivo de nuevo el comienzo de la fatiga,
quisiera que fueran cuerpos como espigas
pero veo pasar, pasar de nuevo esta misma vida
sin que nunca llegue a beber de la fuente
de aguas cristalinas que calmen en mí esta gran sequía,
en mis tristes y áridas tierras desprovistas.
Sólo este mutismo donde serpentean
algunos recuerdos y enjambres de sueños
que no tienen dueño porque se han quedado
pegados a los muros, tal vez limitados
a ser oscurecidos lienzos de un simple pasado
¡Sin tiempo ni estado!
Se desliza el mundo, arrebatando el tiempo,
entre sombras se seca la tierra,
se van los recuerdos y en este momento,
una inmensa pesadumbre: la única caricia sentida por mi cuerpo,
hoy más solitario que nunca en una atmósfera
enrarecida seguida del mutismo
que siempre fue quien acompañó mis días.
Prudencia Arenas
Coral.
¡Ya no queda espacio en medio del mutismo!
donde yo quisiera guardar por siempre mis suspiros.
¡Tú te vas! y yo, quedo en litigio
sin saber si derramar mi llanto
o quedarme flotando en este espacio frío
donde quedan solitarios,
los gritos, gritos de los niños,
sus estrepitosas risas recorriendo cuartos
y a veces dejando sus encantos,
en medio de un gran bullicio bullicio del momento,
porque después, mi alma queda en un incierto desespero
y es que nunca acierto a descubrir en mí,
este extraño menester que es el quererlos.
Vivo de nuevo el comienzo de la fatiga,
quisiera que fueran cuerpos como espigas
pero veo pasar, pasar de nuevo esta misma vida
sin que nunca llegue a beber de la fuente
de aguas cristalinas que calmen en mí esta gran sequía,
en mis tristes y áridas tierras desprovistas.
Sólo este mutismo donde serpentean
algunos recuerdos y enjambres de sueños
que no tienen dueño porque se han quedado
pegados a los muros, tal vez limitados
a ser oscurecidos lienzos de un simple pasado
¡Sin tiempo ni estado!
Se desliza el mundo, arrebatando el tiempo,
entre sombras se seca la tierra,
se van los recuerdos y en este momento,
una inmensa pesadumbre: la única caricia sentida por mi cuerpo,
hoy más solitario que nunca en una atmósfera
enrarecida seguida del mutismo
que siempre fue quien acompañó mis días.
Prudencia Arenas
Coral.
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