Jean P.
Poeta recién llegado
Yo estaba siempre allí,
sólo para ti,
en tus alegrías y tus penas,
en tus tormentas y en tu calma
Te entregué mi corazón
para hacer de alfiletero
y mis labios sin fronteras
para explorar toda tu piel
Mi alma se embriagaba
adherida a tu cintura
mis manos adoraban
día a día tu figura
Las razones no existían
y sólo tuya me sentía
me fundía con tus sueños
despertaba y eras mi dueño
Te amé sin pedir permiso
te amé sin atisbar el piso
me entregué a ti sin condición
con desenfreno, con pasión
Pero un día tu cerraste
las puertas de aquello divino
y pasé como una extraña
a ser tu pasado progresivo
Lapidaste así mi gran amor
y siete velas encendiste
llevo ahora la conciencia triste
y el alma en trizas de dolor
Amor, el único y el mejor
èl que pudo encadenar mi corazón
vuelve a este tu paraje,
vuelve a esta tu mujer,
la del lunar cerca del ombligo
la que te arrullò como a un niño
y te entregò su corazòn
para hacer de alfiletero
y sus labios sin fronteras
para explorar toda tu piel
amor, vuelve…
sólo para ti,
en tus alegrías y tus penas,
en tus tormentas y en tu calma
Te entregué mi corazón
para hacer de alfiletero
y mis labios sin fronteras
para explorar toda tu piel
Mi alma se embriagaba
adherida a tu cintura
mis manos adoraban
día a día tu figura
Las razones no existían
y sólo tuya me sentía
me fundía con tus sueños
despertaba y eras mi dueño
Te amé sin pedir permiso
te amé sin atisbar el piso
me entregué a ti sin condición
con desenfreno, con pasión
Pero un día tu cerraste
las puertas de aquello divino
y pasé como una extraña
a ser tu pasado progresivo
Lapidaste así mi gran amor
y siete velas encendiste
llevo ahora la conciencia triste
y el alma en trizas de dolor
Amor, el único y el mejor
èl que pudo encadenar mi corazón
vuelve a este tu paraje,
vuelve a esta tu mujer,
la del lunar cerca del ombligo
la que te arrullò como a un niño
y te entregò su corazòn
para hacer de alfiletero
y sus labios sin fronteras
para explorar toda tu piel
amor, vuelve…
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