Rochi Goyeneche
Poeta recién llegado
Pequeñas, inocentes
volaban ambas luces.
nada conocían, era su primera noche de vida.
En nuestra imaginación profunda hablar podían,
les llamaba la atención, tanta luz
tanta luz que fraccionada estaba entre la oscuridad.
Aquellas campanillas que iluminaban tantos rumbos por conocer, tantos caminos en medio de la nada.
Pasaron primero sobre masas oceánicas, con el romper de las olas en las costas se deleitaban,
con el sombreado del abrazar del agua bajo sus amarillentas luces jugaban,
sin embargo, inútiles se sintieron, ya que su brillar se haría notar únicamente frente al negro infinito.
Lo sabían.
Entre la arena buscaron hasta penetrar en un sórdido agujero en medio de la salada montaña.
De pequeños ratones voladores y ciegos temieron, pero su deseo significaba su existir,
y despojándose fue al brillar con fluorescencia.
Viajaron hacia la ciudad mas cercana.
Allí volaban gorriones.
Volaban y fumaban,
aquel objeto que aspiraban, pensaban las luces;
Aquel objeto brilla y se enciende como la vida,
y sin embargo, oscuridad y muerte consumían,
terminarían en aquel paraje, y como nadie ellas lo sabían,
de ahí vienen.
No lo recordaban igualmente...
Empecinadas por la ironía, volaron sobre ruidosos edificios,
rompiendo su armonioso silencio y claro bienestar.
A la campanada de las 5 de la mañana,
sus cuerpecitos importancia dejaron de darle al mundo,
ya no eran especiales, por todos lados luz había.
Satisfechas, con presentarse y un espectáculo montar,
volando volvieron a su bosque, donde dormirían,
donde descansarían como simples luciérnagas, hasta el anochecer,
y saldrían a pasear como estrellas bajo los vivos.
volaban ambas luces.
nada conocían, era su primera noche de vida.
En nuestra imaginación profunda hablar podían,
les llamaba la atención, tanta luz
tanta luz que fraccionada estaba entre la oscuridad.
Aquellas campanillas que iluminaban tantos rumbos por conocer, tantos caminos en medio de la nada.
Pasaron primero sobre masas oceánicas, con el romper de las olas en las costas se deleitaban,
con el sombreado del abrazar del agua bajo sus amarillentas luces jugaban,
sin embargo, inútiles se sintieron, ya que su brillar se haría notar únicamente frente al negro infinito.
Lo sabían.
Entre la arena buscaron hasta penetrar en un sórdido agujero en medio de la salada montaña.
De pequeños ratones voladores y ciegos temieron, pero su deseo significaba su existir,
y despojándose fue al brillar con fluorescencia.
Viajaron hacia la ciudad mas cercana.
Allí volaban gorriones.
Volaban y fumaban,
aquel objeto que aspiraban, pensaban las luces;
Aquel objeto brilla y se enciende como la vida,
y sin embargo, oscuridad y muerte consumían,
terminarían en aquel paraje, y como nadie ellas lo sabían,
de ahí vienen.
No lo recordaban igualmente...
Empecinadas por la ironía, volaron sobre ruidosos edificios,
rompiendo su armonioso silencio y claro bienestar.
A la campanada de las 5 de la mañana,
sus cuerpecitos importancia dejaron de darle al mundo,
ya no eran especiales, por todos lados luz había.
Satisfechas, con presentarse y un espectáculo montar,
volando volvieron a su bosque, donde dormirían,
donde descansarían como simples luciérnagas, hasta el anochecer,
y saldrían a pasear como estrellas bajo los vivos.