Nací de tus versos

Antares

Poeta adicto al portal
Nací de tus versos,
a la tenue luz de unas velas.
En el silencio de las palabras
que nunca llegan a pronunciarse.
Con las caricias prohibidas e inescrutables
de los amantes.

Desnuda en cuerpo y alma
para ser tu luz omnipresente.
Derribando trincheras de desamor
con obuses de pasión.

El olor de mi piel,
cuando es tu mirada
la que busco
a las dos de la mañana.

El botón de mi blusa,
que desabrochas con la vehemencia
necesaria para demoler
los muros infranqueables.

Se que nací allí,
en el poema perdido,
aquel que escribiste
en el vórtice de una derrota,
a la intemperie de metáforas e hipérboles.

Ahora siento tu querencia,
lo mismo que el silencio
idolatra el tic-tac
del viejo reloj de pared.

Y así, cada amanecer,
me haces renacer con pétalos
de rosas blancas,
descifrando códigos
de amor eterno.




 
Última edición:
Nací de tus versos,
a la tenue luz de unas velas.
En el silencio de las palabras
que nunca llegan a pronunciarse.
Con las caricias prohibidas e inescrutables de los amantes.

Desnuda en cuerpo y alma
para ser tu luz omnipresente.
Derribando trincheras de desamor
con obuses de pasión.

El olor de mi piel,
cuando es tu mirada la que busco
a las dos de la mañana.
El botón de mi blusa,
que desabrochas con la vehemencia
necesaria para demoler
los muros infranqueables.

Se que nací allí,
en ese poema perdido,
aquel que escribiste
en el vórtice de una derrota,
a la intemperie de metáforas e hipérboles.

Ahora siento tu querencia,
lo mismo que el silencio
idolatra el tic-tac
del viejo reloj de pared.

Y así, cada amanecer,
me haces renacer con pétalos
de rosas blancas,
descifrando códigos
de amor eterno.




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Que bueno que corregiste ese viejo reloj. Y que sensual mirada. Saludos, Antares.
 
Nací de tus versos,
a la tenue luz de unas velas.
En el silencio de las palabras
que nunca llegan a pronunciarse.
Con las caricias prohibidas e inescrutables de los amantes.

Desnuda en cuerpo y alma
para ser tu luz omnipresente.
Derribando trincheras de desamor
con obuses de pasión.

El olor de mi piel,
cuando es tu mirada la que busco
a las dos de la mañana.
El botón de mi blusa,
que desabrochas con la vehemencia
necesaria para demoler
los muros infranqueables.

Se que nací allí,
en ese poema perdido,
aquel que escribiste
en el vórtice de una derrota,
a la intemperie de metáforas e hipérboles.

Ahora siento tu querencia,
lo mismo que el silencio
idolatra el tic-tac
del viejo reloj de pared.

Y así, cada amanecer,
me haces renacer con pétalos
de rosas blancas,
descifrando códigos
de amor eterno.




Muy bello poema enmarcado en una sensible y certera escritura, el amor sin duda triunfa en tus versos amiga Antares. Abrazote vuela. Paco.
 
Ohhhh!! Gracias Paco, animas mucho a todos/as de los poetas que participamos en Mundopoesía. Un besito y saludos.
 
Nací de tus versos,
a la tenue luz de unas velas.
En el silencio de las palabras
que nunca llegan a pronunciarse.
Con las caricias prohibidas e inescrutables de los amantes.

Desnuda en cuerpo y alma
para ser tu luz omnipresente.
Derribando trincheras de desamor
con obuses de pasión.

El olor de mi piel,
cuando es tu mirada la que busco
a las dos de la mañana.
El botón de mi blusa,
que desabrochas con la vehemencia
necesaria para demoler
los muros infranqueables.

Se que nací allí,
en ese poema perdido,
aquel que escribiste
en el vórtice de una derrota,
a la intemperie de metáforas e hipérboles.

Ahora siento tu querencia,
lo mismo que el silencio
idolatra el tic-tac
del viejo reloj de pared.

Y así, cada amanecer,
me haces renacer con pétalos
de rosas blancas,
descifrando códigos
de amor eterno.




 
Nací de tus versos,
a la tenue luz de unas velas.
En el silencio de las palabras
que nunca llegan a pronunciarse.
Con las caricias prohibidas e inescrutables de los amantes.

Desnuda en cuerpo y alma
para ser tu luz omnipresente.
Derribando trincheras de desamor
con obuses de pasión.

El olor de mi piel,
cuando es tu mirada la que busco
a las dos de la mañana.
El botón de mi blusa,
que desabrochas con la vehemencia
necesaria para demoler
los muros infranqueables.

Se que nací allí,
en ese poema perdido,
aquel que escribiste
en el vórtice de una derrota,
a la intemperie de metáforas e hipérboles.

Ahora siento tu querencia,
lo mismo que el silencio
idolatra el tic-tac
del viejo reloj de pared.

Y así, cada amanecer,
me haces renacer con pétalos
de rosas blancas,
descifrando códigos
de amor eterno.




Enamoradas, sencibles, sensuales letras nos regala tu bella pluma, un placer recorrer tu espacio poético.

Cariños insulares para ti.

¡Felíz tarde noche!
 

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