Naciendo al tiempo (Inicio, soneto y libre final para la Ira)

Orfelunio

Poeta veterano en el portal
arconte.jpg



Naciendo al tiempo

(Inicio, soneto y libre final para la Ira)


Yo escribí en la arena
unas letras decentes,
llegaron tus olas, morena,
y amores fueron corrientes.

No contento con eso,
quise escribir un poema
casto y de estilo tan pío,
que amor fuera el converso,
en la fe que dejara la pena
al creer en tu quiero y el mío.

Nos mentimos tanto,
engañados sin engaños,
que de amores saben años,
los me muero con el canto
de escaleras sin peldaños.

En las aguas alegres de tu cielo,
salvaje y bella aurora es tu cintura,
cuando dejas un aire de hermosura
que ondula en remolino hasta tu pelo.

Si eres, no eres, doncella con el velo,
aun demonios están en tesitura,
por el viento que llaman la cultura
que tiene los anhelos de tu celo.

Con saber si esos aires de tu mundo
son cauces del poder establecido,
retendrán del espacio sólo el tiento;

no podrán con el último y profundo
pensamiento y sentir enrojecido
que nos hace servir al fundamento.


Aquella María Galante
que partió con la dos carabelas,
bautizada la Santa María
por un tonto los huevos,
un tal colón y sobrante,
marinero, sí, de los cielos,
que rezó por ser el colgante,
con tal de llegar a tenerlos.

Como mirada de búho,
con la estupidez repetitiva
de la picadora gallina,
os asombrasteis;
fue un momento de espanto,
turbación que dejó en la comida
la maravilla del instinto…
¿Porqué abortaste, niña?

Se abortó el encuentro
y lo dejaremos para otro día,
donde no haya tanto llanto
y asome la alegre sonrisa.

Bajaron por el deslunado,
echaron abajo la puerta,
yo salté por el balcón…
¿Porqué abortaste, niña?

Si quien habla no es la boca, sino yo,
si quien anda no es el pie, sino yo,
si quien piensa no es cerebro, sino yo,
será que hablo y ando, y pienso por…
¿Quién pensaría, sino yo?

Cuando el instinto y el pensamiento
consiguen asociarse en un solo individuo,
nos encontramos ante el genio humano.
Instinto y razón se complementan,
dando la última, perfección al primero.

Padre malo, maltrátanos
haciendo todo el daño
con tus cuernos y tu rabo;
no los hinques y lo atices
como buenas cicatrices…
Somos malos, malos, malos.

Nací en el cincuenta y siete,
y si en el cincuenta y ocho morí,
no es que haya vivido sólo un año.
Si echas la cuenta
en el cincuenta y ocho no nací.

Quizá el último grito
de un encuentro cósmico,
dio luz a la vida
en toda galaxia del universo.

Se fecundó el vacío
en la extrema inmensidad;
eternidad para los tontos,
brevedad para los nonios,
que fuera un loco humanidad
y su destino paritorios,
donde se escucha el trueno afán
y se termina en manicomios.

Naciendo el tiempo,
el niño malo, el viejo pijo,
un dios monada de mil modernos
en curas lastre de milagritos;
ángeles e infiernos,
por los siglos de los cielos
y en los cielos de sus gritos.

El jolgorio de algunos,
el desmadre y despiporre,
la risotada, creen muchos,
que es sana y regalada,
pero esconde, tras el velo de su sombra,
el instinto más primario
que seducido por el orden y las formas,
solo muestra una parte almidonada
del poder de la hipócrita costumbre:
reír por no llorar la cobardía de la mentira
sin la osadía de la verdad,
con la alegría que los alumbre
en esa noche de fealdad,
negra y comprometida,
prevención para el derrumbe
del intervalo de su tic-tac.

Y tú, ¿que no te apuntas?

Mira, amigo…
Yo me puedo tomar
una o dos cervezas contigo,
pero permíteme ser libre
y no pasar por el aro,
ni trasquilar esa lana,
que yo me río cuando quiero,
con quien puedo,
y si me da la gana.

Por eso te digo:
ríe, canta y llora,
irás al mismo sitio que yo.
¿Crees que te llevas la hora?,
¿piensas que el tiempo paró?

Sólo alimentas la moda,
y la única moda eres tú como yo:
correr del espacio, farola,
que sólo el tiempo sin luz apagó.

Te quiero revelar un misterio
antes de morir, amigo:
soy un genio,
y los genios nunca mueren…
Se dedican a contar secretos.

¡Ira!, ¡ira!,
ira envolvente de fría
brisa del mal,
ira, ¡qué suerte!,
ira de muerte…
¡Ira total!

Ira y poder,
ira del fuerte,
ira es tener
el don que te hierve,
y no dejarte azotar
sin dar el saludo pendiente.

Ira del mundo,
ira del pan,
ira es profundo
ardor de ira champán;
ira, de ira iracundo,
ira de un ser temporal.

Fue la espera terrible
de insomnio con su derroche;
sueño lleno de noche
despierto al día temible.

Era un quince de mayo,
y el sol lucía su estampa;
nací al nombre que callo
manos gladius de trampa.

Prefecto sale a la arena
vacío de hierros y bronces;
sin luz que refleje su espada,
cegado por su alma de arconte
gladiator va armado con nada.

¡Yo soy la cultura!
-grita su estampa.

Cicerón como Catón:
Catilina conjura,
y al César la planta.

La madre Ira,
en otra… en otra es tanta,
que ésta mi boca delira,
y no es mi boca,
ni mi garganta.
 
Última edición:

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo de nuestros Mecenas.

✦ Hazte Mecenas

Sin publicidad · Blog propio · Apoya la poesía en español

Atrás
Arriba