elseneka
Poeta fiel al portal
Una noche de agosto tocada por el soplo de la magia,
lo que era una luz se transformó en destello cegador.
Y fui testigo y sujeto del primer milagro:
la diosa se hizo mujer, por amorosa generosidad,
para que yo pudiese sentir el calor de su cuerpo junto al mío,
para mostrarme el camino de la gloria.
El milagro se descompuso en infinitos prodigios:
Por amor, un rostro atractivo
se transfiguró en la esencia de la perfección;
unos ojos bonitos se elevaron
para robarle al firmamento dos estrellas
y asentarlas en sus cuencas.
Y ese rostro, que de nuevo transcendía lo humano,
ponía su atención en mí
para decirme que el amor aun era posible,
que había motivos para seguir viviendo,
para gritarme "levántate y anda".
Entonces ocurrió el prodigio de la revelación:
supe que no había encontrado el camino
por el que continuar mi vida,
si no el sendero que llevaba a una vida nueva.
Que no había reverdecido amores marchitos,
si no descubierto el manantial, la fuente,
de la que brotaba EL AMOR,
el amor en su esencia más pura y perfecta.
Supe que no era un empezar de nuevo,
si no nacer, por primera vez, al mundo soñado.
Y el alma, acostumbrada hasta entonces
a existir en el útero de la mediocridad,
al sentirse nacer a la vida
que la diosa, encarnada, había creado,
se preguntaba, atónita:
¡¿Puede haber algo más grande que esto?!
No tenía respuesta.
Copyright José Luis Bermejo (El Seneka)
elseneka@hotmail.com
lo que era una luz se transformó en destello cegador.
Y fui testigo y sujeto del primer milagro:
la diosa se hizo mujer, por amorosa generosidad,
para que yo pudiese sentir el calor de su cuerpo junto al mío,
para mostrarme el camino de la gloria.
El milagro se descompuso en infinitos prodigios:
Por amor, un rostro atractivo
se transfiguró en la esencia de la perfección;
unos ojos bonitos se elevaron
para robarle al firmamento dos estrellas
y asentarlas en sus cuencas.
Y ese rostro, que de nuevo transcendía lo humano,
ponía su atención en mí
para decirme que el amor aun era posible,
que había motivos para seguir viviendo,
para gritarme "levántate y anda".
Entonces ocurrió el prodigio de la revelación:
supe que no había encontrado el camino
por el que continuar mi vida,
si no el sendero que llevaba a una vida nueva.
Que no había reverdecido amores marchitos,
si no descubierto el manantial, la fuente,
de la que brotaba EL AMOR,
el amor en su esencia más pura y perfecta.
Supe que no era un empezar de nuevo,
si no nacer, por primera vez, al mundo soñado.
Y el alma, acostumbrada hasta entonces
a existir en el útero de la mediocridad,
al sentirse nacer a la vida
que la diosa, encarnada, había creado,
se preguntaba, atónita:
¡¿Puede haber algo más grande que esto?!
No tenía respuesta.
Copyright José Luis Bermejo (El Seneka)
elseneka@hotmail.com
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