Antonio Javier Fuentes So
Poeta que considera el portal su segunda casa
El día frío, nublado, entristecido,
los limpiaparabrisas a destajo,
Ando un poco asqueado, enrarecido,
muy cerca del infierno, más abajo.
Hoy vuelvo a la ciudad, tan gris y mustia,
y otra vez al trabajo con desgana
estercolero de papeles que me ensucian
las ganas de vivir cada mañana.
Pensando en lo jodida que es mi vida
me detiene brazo en alto un policía,
media hora porque ha habido un accidente,
hoy, seguro, pienso en alto, no es mi día.
Cuando puedo reanudar al fin la marcha,
puedo ver dos coches arrugados,
los bomberos retirando la chatarra
y un balón en la cuneta destrozado.
Maldiciendo a mi maldita mala suerte,
dormitando en el tedio de la oficina,
como jarro de agua fría me sorprende
lo que escupen, por la radio, las noticias
-Un hombre y su hijo de doce años,
nuevas victimas de nuestras carreteras-
Y me siento un egoísta y me doy asco,
y me hundo, merecido, en la miseria.
Ocurrió en la carretera Badajoz- Zafra. España.
los limpiaparabrisas a destajo,
Ando un poco asqueado, enrarecido,
muy cerca del infierno, más abajo.
Hoy vuelvo a la ciudad, tan gris y mustia,
y otra vez al trabajo con desgana
estercolero de papeles que me ensucian
las ganas de vivir cada mañana.
Pensando en lo jodida que es mi vida
me detiene brazo en alto un policía,
media hora porque ha habido un accidente,
hoy, seguro, pienso en alto, no es mi día.
Cuando puedo reanudar al fin la marcha,
puedo ver dos coches arrugados,
los bomberos retirando la chatarra
y un balón en la cuneta destrozado.
Maldiciendo a mi maldita mala suerte,
dormitando en el tedio de la oficina,
como jarro de agua fría me sorprende
lo que escupen, por la radio, las noticias
-Un hombre y su hijo de doce años,
nuevas victimas de nuestras carreteras-
Y me siento un egoísta y me doy asco,
y me hundo, merecido, en la miseria.
Ocurrió en la carretera Badajoz- Zafra. España.
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