Cësar Palomares
Poeta recién llegado
Declaro que me gustas,
aún más que el mole rojo
ese que tiene un rocío de ajonjolí y
va acompañado de carne de guajolote.
Eres bella,
como la verdad redonda,
como una rutina de voladores
como los de Papantla,
allí, pendiendo de los pies
en el hermoso aire
con sus hermosas alas de carne y hueso y dedos.
Y la filosofía maya
que viene de cientos de miles de pisadas en la selva,
de manos enterradas en la profundidad de tu vientre
o de semillas del sol echadas a los cuatro vientos,
me hace volver y volverte a encontrar.
Mi bandera mundana
no tiene los colores de tus pecas marrones
Y el himno que canto en días patrióticos
No hace lucir mi voz
como cuando te recito uno de mis poemas.
Declaro que tu piel Azteca
extendida a la luz de la historia,
deja ver la vida de las piedras
y el porqué las estrellas
están siempre ausentes en días nublados.
Es entonces que te digo
que soy ciudadano de nada
cuando sólo persigo serlo de tus ojos.
aún más que el mole rojo
ese que tiene un rocío de ajonjolí y
va acompañado de carne de guajolote.
Eres bella,
como la verdad redonda,
como una rutina de voladores
como los de Papantla,
allí, pendiendo de los pies
en el hermoso aire
con sus hermosas alas de carne y hueso y dedos.
Y la filosofía maya
que viene de cientos de miles de pisadas en la selva,
de manos enterradas en la profundidad de tu vientre
o de semillas del sol echadas a los cuatro vientos,
me hace volver y volverte a encontrar.
Mi bandera mundana
no tiene los colores de tus pecas marrones
Y el himno que canto en días patrióticos
No hace lucir mi voz
como cuando te recito uno de mis poemas.
Declaro que tu piel Azteca
extendida a la luz de la historia,
deja ver la vida de las piedras
y el porqué las estrellas
están siempre ausentes en días nublados.
Es entonces que te digo
que soy ciudadano de nada
cuando sólo persigo serlo de tus ojos.
César Palomares