Maldonado
Poeta veterano en el Portal
Naciste para mí, sea para mí tu hermosura desde niña,
aunque no te conocía, desde entonces siempre fuiste mía,
asi como la ternura que nació dentro de tu pecho.
Nos encontramos cuando era tu piel prematura
y tus hormonas impregnaban el viento, pero me supiste tu dueño,
cuando me viste con mi sonrisa alegre dándote vueltas.
Me hiciste colibrí y tus anhelos eran conmigo ser feliz
y en ti busqué el almíbar,
solo en ti, aunque los árboles estaban llenos de flores.
El perfume de tus pétalos me tenían en ti extasiado,
pájaro congelado en el viento,
suspendido, donde el corazón se movía mas rápido que mis alas.
Dame lo que me pertenece hermosa,
como ese suspiro cuando conociste el primer beso,
que es solo mío, como míos los labios que te lo dieron.
Ya dame la suavidad de tu piel de mujer entera,
misma que me heredó Dios, desde antes de que nacieras,
entrégame ya la pasión, de la noche de la luna dulce y llena.
Déjame ser fantasma, para ver y sentir el fondo de tu alma,
déjame penetrar en tu corazón y sus arterias
y ser parte del torrente de la sangre de tus venas.
Déjame ser siempre tuyo, que es lo que me mantiene en vida,
despertar y que caiga en mi el relámpago de tu nombre.
No sabría yo vivir de otra manera, ni tu sabrías.
No hay donde guardar tantos regalos de nuestro padre,
en que banco, en que caja fuerte, en que lugar secreto.
Amor, es muy bueno Dios... con los dos.
aunque no te conocía, desde entonces siempre fuiste mía,
asi como la ternura que nació dentro de tu pecho.
Nos encontramos cuando era tu piel prematura
y tus hormonas impregnaban el viento, pero me supiste tu dueño,
cuando me viste con mi sonrisa alegre dándote vueltas.
Me hiciste colibrí y tus anhelos eran conmigo ser feliz
y en ti busqué el almíbar,
solo en ti, aunque los árboles estaban llenos de flores.
El perfume de tus pétalos me tenían en ti extasiado,
pájaro congelado en el viento,
suspendido, donde el corazón se movía mas rápido que mis alas.
Dame lo que me pertenece hermosa,
como ese suspiro cuando conociste el primer beso,
que es solo mío, como míos los labios que te lo dieron.
Ya dame la suavidad de tu piel de mujer entera,
misma que me heredó Dios, desde antes de que nacieras,
entrégame ya la pasión, de la noche de la luna dulce y llena.
Déjame ser fantasma, para ver y sentir el fondo de tu alma,
déjame penetrar en tu corazón y sus arterias
y ser parte del torrente de la sangre de tus venas.
Déjame ser siempre tuyo, que es lo que me mantiene en vida,
despertar y que caiga en mi el relámpago de tu nombre.
No sabría yo vivir de otra manera, ni tu sabrías.
No hay donde guardar tantos regalos de nuestro padre,
en que banco, en que caja fuerte, en que lugar secreto.
Amor, es muy bueno Dios... con los dos.
Ramón Maldonado V.
11/12/09
11/12/09
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