IgnotaIlusión
El Hacedor de Horizontes
Y me dijiste
que la mente es el alma,
que el karma es el arma que desarma
todos los rígidos matices,
cuando se ve por primera vez un cielo,
tan diferente,
ardiendo en la consciencia de dios,
de aquella mente inmaculada,
en un espacio indescifrable,
fraguando un tiempo propio
pero tan nuestro,
¿como decirle al viento que se equivoca?,
que detenga en mi boca
a las palabras que me duelen parir,
un vocablo albo de halos oscuros,
alados los contornos,
por ser ángel y demonio,
cuando el pecado es milagro,
cuando obrar no es necesario
el conformismo nunca termina de doler,
pausados los versos vespertinos,
queriendo nunca tocar el sol,
ni la sangre de las nubes,
ni la soledad de todo fin,
queriendo crear,
diciendo creer,
creyendo mentir,
muriendo por mi,
y mis últimas palabras son
para la que me trajo a esta realidad,
"nada vale tu tiempo,
por ende,
nada vale la pena".
que la mente es el alma,
que el karma es el arma que desarma
todos los rígidos matices,
cuando se ve por primera vez un cielo,
tan diferente,
ardiendo en la consciencia de dios,
de aquella mente inmaculada,
en un espacio indescifrable,
fraguando un tiempo propio
pero tan nuestro,
¿como decirle al viento que se equivoca?,
que detenga en mi boca
a las palabras que me duelen parir,
un vocablo albo de halos oscuros,
alados los contornos,
por ser ángel y demonio,
cuando el pecado es milagro,
cuando obrar no es necesario
el conformismo nunca termina de doler,
pausados los versos vespertinos,
queriendo nunca tocar el sol,
ni la sangre de las nubes,
ni la soledad de todo fin,
queriendo crear,
diciendo creer,
creyendo mentir,
muriendo por mi,
y mis últimas palabras son
para la que me trajo a esta realidad,
"nada vale tu tiempo,
por ende,
nada vale la pena".