GRECHKA LEE MALDONADO
Poeta que considera el portal su segunda casa
Retoza el viento colmado de ironía
hay una brisa ausente,
movida en penumbras
desolando el canto de la vida
se percibe distante de quererle
Impasible el destino recostó
su alma en el trueno desolado del orgullo
y aderezo su camino sin añorar su locura
Una brisa contenciosa se poso
justo a la ribera del olvido
forjando espirales,
manchado el desaliento
ahogándose en la agonía de un recuerdo
Una música se escuchaba dormida
aspirando el aire de su muerte
vagando en desesperos
inerte a su conquista
desolaba el latir de su espíritu amante
¿Acaso no recuerdas como latía su corazón?
Entregada en suspiros cuando alimentaba
su espejismo,
rondando sus sueños
entre sus labios de nácar penaba su dolor
yacía sobre su cuerpo inmóvil aquedada
en gemidos
un suspiro trascendía entre la espuma del deseo
y corrían nubes blancas entre el terciopelo de su espalda
retardando entre olas el llanto de su pasión dorada
El alma soplo su alarido lejano
y un relámpago se apago en su boca
la luz de su música sonó vencida
y unos pasos marcaron su vida...
Algo se ausculto perpetuo en su mirada
brotaron de sus ojos lagrimas infinitas
mas un lucero vivo acrecentó sus pupilas
entre el cristal de su ilusión perdida
Un amor aparejo su soledad
dándole vida al desespero
colmo una balada de sueños
cada vez que sus ojos le miraban
Huracán de seda entre rosas blancas
musito un verso de su dicha ansiada
y fue morando en cada hoja de su tiempo
y vistió su marchito cuerpo de deseos
cuando su desvarío se recostó en su lecho
¿Recuerdas cuanto le amo?
Nada desde el reflejo de su esencia misma
nada desde la muerte que extingue su amargura
y nada más fuerte que la agonía de su alma
Grechka Lee Maldonado
Marzo 11.2009
hay una brisa ausente,
movida en penumbras
desolando el canto de la vida
se percibe distante de quererle
Impasible el destino recostó
su alma en el trueno desolado del orgullo
y aderezo su camino sin añorar su locura
Una brisa contenciosa se poso
justo a la ribera del olvido
forjando espirales,
manchado el desaliento
ahogándose en la agonía de un recuerdo
Una música se escuchaba dormida
aspirando el aire de su muerte
vagando en desesperos
inerte a su conquista
desolaba el latir de su espíritu amante
¿Acaso no recuerdas como latía su corazón?
Entregada en suspiros cuando alimentaba
su espejismo,
rondando sus sueños
entre sus labios de nácar penaba su dolor
yacía sobre su cuerpo inmóvil aquedada
en gemidos
un suspiro trascendía entre la espuma del deseo
y corrían nubes blancas entre el terciopelo de su espalda
retardando entre olas el llanto de su pasión dorada
El alma soplo su alarido lejano
y un relámpago se apago en su boca
la luz de su música sonó vencida
y unos pasos marcaron su vida...
Algo se ausculto perpetuo en su mirada
brotaron de sus ojos lagrimas infinitas
mas un lucero vivo acrecentó sus pupilas
entre el cristal de su ilusión perdida
Un amor aparejo su soledad
dándole vida al desespero
colmo una balada de sueños
cada vez que sus ojos le miraban
Huracán de seda entre rosas blancas
musito un verso de su dicha ansiada
y fue morando en cada hoja de su tiempo
y vistió su marchito cuerpo de deseos
cuando su desvarío se recostó en su lecho
¿Recuerdas cuanto le amo?
Nada desde el reflejo de su esencia misma
nada desde la muerte que extingue su amargura
y nada más fuerte que la agonía de su alma
Grechka Lee Maldonado
Marzo 11.2009