Ad Libitum
Poeta recién llegado
Levanta,
cielo,
estamos despegando.
Atrás quedan los días
De palos
Por comida,
De látigo
Y aplausos.
Ya no habrá nuevos golpes
Ni ese traquetear de carretera
Con el que tu libertad robada
Iba siendo poquito a poco atropellada
Debajo de tus pies.
Despierta,
Corazón,
Confía.
Mira
y admira,
por primera vez,
El horizonte sin barrotes
En el que encontrarás
Tantas preguntas nuevas.
Yo sé que habrá un gran día
En que los hombres te hablarán en pasado
Y los nietos de tus asesinos
No podrán concebir
Que el hombre
Pudiera nacer tan huérfano de alma.
Llegará el día,
Amor,
-Lo sé
Porque lo estamos construyendo nosotras -
Y habrá selvas más grandes
En que todas las piernitas peludas
Tan como las tuyas
Se verán correteando
Sin perseguidores.
Tú ya estás a salvo
Aunque nadie te salvará
Ya
Del recuerdo.
Sí, lo sé,
Hay horrores de los que nunca se vuelve.
¿Sabes?
En el fondo no somos tan distintos.
Yo también he bebido del látigo del hombre.
Yo también he sabido
Del vértigo terrible
De aros de fuego ardiendo.
Porque yo he sido el aro
Por el que entraron cargados de violencia
Otros cuerpos ardiendo
A quemarme por dentro.
Porque mientras tus piernitas aprendían
Que la vida o la muerte
Dependían de la perfecta precisión
Con que notar arder
Esa circunferencia
Al filo de tus garras,
En otro lugar de otra ciudad
Mis labios aprendían
Que la vida o la muerte
Pendían no más que del hilo
De mi silencio.
Porque yo también he tenido,
No más siendo cachorra,
A un puñado de niños
Jodidos de la risa
Cabalgando mi cuerpo.
Porque mi sangre también ha sido el espectáculo
Para la lujuria de los cobardes.
Créeme.
Yo también sé lo que se siente.
Yo también,
Como tú,
Supe lo que era el miedo
Y entendí que el terror se dibuja en forma humana
Y se escribe en masculino.
No somos tan distintas.
Yo mujer,
Tú animal.
Las dos de ese terreno
Que el hombre quiso hacer
Su tierra de conquista.
Pero que ya no más,
Amor,
Ya no más
Nunca.
Lo hemos conseguido.
Salvamos el pellejo,
Aunque
Lo sé,
Quema tanto por dentro
Saber que no fuimos
Ni seremos
Las últimas.
Pero les vengaremos
Y ya no vendrán más,
Amor,
Te lo prometo.
Apagamos los focos,
mira cómo se va desmontando la carpa,
como no queda nadie desmontando mi vida
con sus uñas clavadas al fondo de mis bragas.
Ya te hemos arrancado entre todas las cadenas,
ya no suena el teléfono,
ni en mis muslos quedan las garras del hombre tatuadas,
ya no hay jaulas
ni sábanas
donde la sangre corre.
Ya están cicatrizando las heridas
De tus patas,
De mi espalda,
De tu lomo destrozado,
De mi carne maltratada.
Ya tus mañanas no sabrán
Al miedo agrio y terrible de mis noches
Ni en mis noches volverán a sonar
Las cadenas ardientes de tu circo.
Ya nuestros pasos no se deslizarán más
sobre una cuerda floja.
Corramos ahora
con la tranquilidad
de quien no debe huir de ningún sitio.
Pongamos fin, por fin, al fin de todo esto.
Descárgate en tu carne
de mi dolor de mujer.
Déjame a mí rugir
tu rabia
de
pantera.
cielo,
estamos despegando.
Atrás quedan los días
De palos
Por comida,
De látigo
Y aplausos.
Ya no habrá nuevos golpes
Ni ese traquetear de carretera
Con el que tu libertad robada
Iba siendo poquito a poco atropellada
Debajo de tus pies.
Despierta,
Corazón,
Confía.
Mira
y admira,
por primera vez,
El horizonte sin barrotes
En el que encontrarás
Tantas preguntas nuevas.
Yo sé que habrá un gran día
En que los hombres te hablarán en pasado
Y los nietos de tus asesinos
No podrán concebir
Que el hombre
Pudiera nacer tan huérfano de alma.
Llegará el día,
Amor,
-Lo sé
Porque lo estamos construyendo nosotras -
Y habrá selvas más grandes
En que todas las piernitas peludas
Tan como las tuyas
Se verán correteando
Sin perseguidores.
Tú ya estás a salvo
Aunque nadie te salvará
Ya
Del recuerdo.
Sí, lo sé,
Hay horrores de los que nunca se vuelve.
¿Sabes?
En el fondo no somos tan distintos.
Yo también he bebido del látigo del hombre.
Yo también he sabido
Del vértigo terrible
De aros de fuego ardiendo.
Porque yo he sido el aro
Por el que entraron cargados de violencia
Otros cuerpos ardiendo
A quemarme por dentro.
Porque mientras tus piernitas aprendían
Que la vida o la muerte
Dependían de la perfecta precisión
Con que notar arder
Esa circunferencia
Al filo de tus garras,
En otro lugar de otra ciudad
Mis labios aprendían
Que la vida o la muerte
Pendían no más que del hilo
De mi silencio.
Porque yo también he tenido,
No más siendo cachorra,
A un puñado de niños
Jodidos de la risa
Cabalgando mi cuerpo.
Porque mi sangre también ha sido el espectáculo
Para la lujuria de los cobardes.
Créeme.
Yo también sé lo que se siente.
Yo también,
Como tú,
Supe lo que era el miedo
Y entendí que el terror se dibuja en forma humana
Y se escribe en masculino.
No somos tan distintas.
Yo mujer,
Tú animal.
Las dos de ese terreno
Que el hombre quiso hacer
Su tierra de conquista.
Pero que ya no más,
Amor,
Ya no más
Nunca.
Lo hemos conseguido.
Salvamos el pellejo,
Aunque
Lo sé,
Quema tanto por dentro
Saber que no fuimos
Ni seremos
Las últimas.
Pero les vengaremos
Y ya no vendrán más,
Amor,
Te lo prometo.
Apagamos los focos,
mira cómo se va desmontando la carpa,
como no queda nadie desmontando mi vida
con sus uñas clavadas al fondo de mis bragas.
Ya te hemos arrancado entre todas las cadenas,
ya no suena el teléfono,
ni en mis muslos quedan las garras del hombre tatuadas,
ya no hay jaulas
ni sábanas
donde la sangre corre.
Ya están cicatrizando las heridas
De tus patas,
De mi espalda,
De tu lomo destrozado,
De mi carne maltratada.
Ya tus mañanas no sabrán
Al miedo agrio y terrible de mis noches
Ni en mis noches volverán a sonar
Las cadenas ardientes de tu circo.
Ya nuestros pasos no se deslizarán más
sobre una cuerda floja.
Corramos ahora
con la tranquilidad
de quien no debe huir de ningún sitio.
Pongamos fin, por fin, al fin de todo esto.
Descárgate en tu carne
de mi dolor de mujer.
Déjame a mí rugir
tu rabia
de
pantera.