F. CABALLERO SÁNCHEZ
Poeta recién llegado
Nana para una mamá
Dedicada a Yolanda, la madre
de mis tres primeros nietos.
Tú, canta, Yolanda, canta
al querubín que se duerme:
-¡Ea! Nana, mi niño, nana
Parece que el sueño viene
y está pidiendo la cama.
Pues duerme, chiquillo, duerme
que con las luces del alba
tú podrás ver a los duendes
subiendo por tu almohada.
Mi niño pequeño tiene
arcángeles en la cara
y es que Raúl, cuando duerme,
refleja tan bella estampa
que los ángeles por verle
hasta del cielo se bajan
Yolanda calla un momento
y se fija en su mirada
y aunque más leve lo mece
y más apagado canta
al pequeñín que sostiene
se le cruzan las pestañas,
y ella en sus ojos presiente
que poco a poco se encajan
y feliz… y dulcemente
se le cierran las ventanas
Entonces, Yolanda estira
sus piernas y se relaja.
La tensión de todo el día
se le concentra en la espalda.
Serenamente medita,
se siente algo cansada
y en ese instante se fija
cómo se encuentra su casa:
los juguetes en desorden,
bajo la mesa, barajas,
los deberes del colegio
repartidos por la estancia
y los platos en la mesa…
y la ropa en la canasta
esperando que ella pueda
repasarlas con la plancha…
Este caos la consuela
cuando medita con calma
sobre los hijos que tiene
que son sus tres esperanzas:
Javier, fue su primer hijo;
Pablo, el segundo, después
y Raúl, que es el que duerme.
Mas ninguno de los tres,
alcanza aún la estatura
de apenas un metro, en pie.
Corren y juegan gritando,
lloran los tres a la vez,
se golpean, se persiguen,
y vuelven poco después
a reírse tan felices.
Y tú, Yolanda, que ves
la energía de sus juegos
¿te agobias alguna vez?
A ti, que aún eres niña,
dulce y paciente Yolanda,
porque sé que lo mereces,
quiero escribirte una nana,
onírica, del Edén,
para que cada mañana
cuando te visite el sol
a través de las ventanas
sientas tú irrefrenable
cierto impulso en tu garganta
que sin poderlo evitar
cantes con todas tus ansias
a tus hijos, a las flores,
a la luz de la esperanza
a los pájaros que vuelan,
a la brisa de mañana,
al ocaso de la tarde
y a las cosas que te encantan…
¡sin que sepas la razón!
Entona, pues, esta nana
por ser Yolanda, tan buena
que quiero que en tu butaca
puedas relajarte y duermas,
que la Navidad... es blanca
y hermosa la Nochebuena:
-¡Ea, nana, nanita nana!
Málaga, Navidad 2007
Dedicada a Yolanda, la madre
de mis tres primeros nietos.
Tú, canta, Yolanda, canta
al querubín que se duerme:
-¡Ea! Nana, mi niño, nana
Parece que el sueño viene
y está pidiendo la cama.
Pues duerme, chiquillo, duerme
que con las luces del alba
tú podrás ver a los duendes
subiendo por tu almohada.
Mi niño pequeño tiene
arcángeles en la cara
y es que Raúl, cuando duerme,
refleja tan bella estampa
que los ángeles por verle
hasta del cielo se bajan
Yolanda calla un momento
y se fija en su mirada
y aunque más leve lo mece
y más apagado canta
al pequeñín que sostiene
se le cruzan las pestañas,
y ella en sus ojos presiente
que poco a poco se encajan
y feliz… y dulcemente
se le cierran las ventanas
Entonces, Yolanda estira
sus piernas y se relaja.
La tensión de todo el día
se le concentra en la espalda.
Serenamente medita,
se siente algo cansada
y en ese instante se fija
cómo se encuentra su casa:
los juguetes en desorden,
bajo la mesa, barajas,
los deberes del colegio
repartidos por la estancia
y los platos en la mesa…
y la ropa en la canasta
esperando que ella pueda
repasarlas con la plancha…
Este caos la consuela
cuando medita con calma
sobre los hijos que tiene
que son sus tres esperanzas:
Javier, fue su primer hijo;
Pablo, el segundo, después
y Raúl, que es el que duerme.
Mas ninguno de los tres,
alcanza aún la estatura
de apenas un metro, en pie.
Corren y juegan gritando,
lloran los tres a la vez,
se golpean, se persiguen,
y vuelven poco después
a reírse tan felices.
Y tú, Yolanda, que ves
la energía de sus juegos
¿te agobias alguna vez?
A ti, que aún eres niña,
dulce y paciente Yolanda,
porque sé que lo mereces,
quiero escribirte una nana,
onírica, del Edén,
para que cada mañana
cuando te visite el sol
a través de las ventanas
sientas tú irrefrenable
cierto impulso en tu garganta
que sin poderlo evitar
cantes con todas tus ansias
a tus hijos, a las flores,
a la luz de la esperanza
a los pájaros que vuelan,
a la brisa de mañana,
al ocaso de la tarde
y a las cosas que te encantan…
¡sin que sepas la razón!
Entona, pues, esta nana
por ser Yolanda, tan buena
que quiero que en tu butaca
puedas relajarte y duermas,
que la Navidad... es blanca
y hermosa la Nochebuena:
-¡Ea, nana, nanita nana!
Málaga, Navidad 2007
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