Lorelizh Beye
Poeta que considera el portal su segunda casa
Escondida en el bosque, la cristalina fuente
de agua diáfana y clara, semejó ser espejo,
asomose Narciso en éxtasis perplejo
al mirar arrobado tal majestad luciente.
Exclamó: ¡de las aguas: es esmeraldino ente!
Quedando cautivado en su propio reflejo,
admiró divo rostro, ojos de azur espejo
y de oro los rizos que adornaban su frente.
sin saber de sí mismo, se enamora Narciso
contempla en su retrato al dios de la hermosura,
las ansias de adorarle, lo tornan enfermizo
es deidad en su cárcel, consumase en dolor.
No pudieron las ninfas darle a él, sepultura,
transformose su cuerpo en la más bella flor.
Preso en su vanidad, no es lisonja que asombre
que la flor de hojas blancas, lleve también su nombre.
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