Solsticio de primavera
Poeta fiel al portal
Nariz de Brujo
Voces que humedecieron
la sal del viento, ahora en esta
constelación que pasa.
Poema, Juan Gelman.
la sal del viento, ahora en esta
constelación que pasa.
Poema, Juan Gelman.
1
Quizás hoy esté sin vos.si yo era el árbol
vos eras el gnomo
si vos eras el gnomo
yo era su nariz
del resto del artilugio último
no hubieron noticas, sólo algunas, rumores
un vórtice en los zapatos
1 y 2
succionaba en forma de espiral el parietal superior
o al menos lo inclinaba
parte del destello prístino de los ojos
corría la misma suerte
las palabras de tus labios guardan menos que sentido
la sonoridad, y la forma en las sombras aclama:
shhhhhhhhhhh
y un ojo atisba entre los ventanales crepusculares
y nada pasa
y otra vez la quimera desvaina sus espadas de Leteo
y la suerte corre hasta el extremo y trepa la pared
shhhhhhhhhh ..
la sombra aclama y evoca con su dedo el vértice de la cama
cubierta por un cárdeno muaré
afuera el silencio trasmigra a la ciudad, luces
como ojos mortecinos
miran abyectos el mismo paisaje futurista y suspendido
colosales edificios desnudándose me muestran sus inmemoriales osamentas
y nada pasa, el viento
nunca fue diferente, quizás
hoy esté sin vos.
2
Una vez adentro, las puertas se cierran.
de nada sirve la fama el dinero y el genio
si uno no tiene alguien con quien caminar
Un alma vetusta da un par de vueltas dejando estelas verdes por la habitación
y vuelve a posar su testa desnuda sobre el trono de mi esternón.
Las hojas de la puerta son rojas con arandelas de metal negras.
Un pasillo angosto escoltado por dos hileras de caballos de bronce y al fondo
el trono y la habitación.
El alma apoya los pies sobre el escabel damasquinado y fieltros multicolores
caen desde lo alto de la cúspide.
Una vez adentro, el ciclo está completo.
3
El sonido de la lluvia.
Una flor turquesa es aplastada por el fondo de una cerveza,
la miro fijamente y me transporto hacía nosé donde.
Abajo las corrientes electromagnéticas activan el timbre de mi casa
y un amigo espera la señal.
Pequeños momentos de onírica gloria bailan con sus cuerpos floreales
sobre las terrazas de mi mente.
Me apuro a bajar y entrego la misiva, él saluda y se va.
Una comarca humeante de pequeños semicírculos espera yuxtapuesta
al sonido de la lluvia.
4
Un avión pasa.
cabeceo en un habitáculo urdido por la bruma
y la oscuridad para despertar
cubierto de luces astronómicas y tendones elásticos.
el lugar es el mismo, la sensación no.
antorchas encendidas en cada uno de los vértices abren
sus párpados y prosperan.
la sensación es la misma, la altura no.
A mi derecha, cohibido por un muro transparente,
el jazmín florece y una silla india exhala
volutas y malvones. Los patios abajo son de cemento.
estrella roja en el cielo aherrojado, ¿qué
haces todavía y a estas horas fulgurando? Un avión pasa.
5
Tardes frías y de sol.
(el aroma de los platos)
y así es que todavía te quiero, te quiero, aunque alguien
una vez me dijo que no alcanza únicamente el amor.
Claro que esa persona era yo. Y hoy una extraña tristeza
atraviesa mi superfluo manto pluvial. El sonido de la lluvia
no me daña, claro está; y ya no sé qué pensar. Mi mente, conventillera,
dirige su atroz carabinera a ningún plato principal, la fragancia
me recuerda a las tardes frías y de sol. y siguiendo
la dicotomía aquí expuesta, el deseo es temible por intangible e infiel.
Una vez adentro, las puertas se cierran.
de nada sirve la fama el dinero y el genio
si uno no tiene alguien con quien caminar
somos tan animales como los albatros y el hipocampo
Un alma vetusta da un par de vueltas dejando estelas verdes por la habitación
y vuelve a posar su testa desnuda sobre el trono de mi esternón.
Las hojas de la puerta son rojas con arandelas de metal negras.
Un pasillo angosto escoltado por dos hileras de caballos de bronce y al fondo
el trono y la habitación.
El alma apoya los pies sobre el escabel damasquinado y fieltros multicolores
caen desde lo alto de la cúspide.
Una vez adentro, el ciclo está completo.
3
El sonido de la lluvia.
Una flor turquesa es aplastada por el fondo de una cerveza,
la miro fijamente y me transporto hacía nosé donde.
Abajo las corrientes electromagnéticas activan el timbre de mi casa
y un amigo espera la señal.
Pequeños momentos de onírica gloria bailan con sus cuerpos floreales
sobre las terrazas de mi mente.
Me apuro a bajar y entrego la misiva, él saluda y se va.
Una comarca humeante de pequeños semicírculos espera yuxtapuesta
al sonido de la lluvia.
4
Un avión pasa.
cabeceo en un habitáculo urdido por la bruma
y la oscuridad para despertar
cubierto de luces astronómicas y tendones elásticos.
el lugar es el mismo, la sensación no.
antorchas encendidas en cada uno de los vértices abren
sus párpados y prosperan.
la sensación es la misma, la altura no.
A mi derecha, cohibido por un muro transparente,
el jazmín florece y una silla india exhala
volutas y malvones. Los patios abajo son de cemento.
estrella roja en el cielo aherrojado, ¿qué
haces todavía y a estas horas fulgurando? Un avión pasa.
5
Tardes frías y de sol.
(el aroma de los platos)
y así es que todavía te quiero, te quiero, aunque alguien
una vez me dijo que no alcanza únicamente el amor.
Claro que esa persona era yo. Y hoy una extraña tristeza
atraviesa mi superfluo manto pluvial. El sonido de la lluvia
no me daña, claro está; y ya no sé qué pensar. Mi mente, conventillera,
dirige su atroz carabinera a ningún plato principal, la fragancia
me recuerda a las tardes frías y de sol. y siguiendo
la dicotomía aquí expuesta, el deseo es temible por intangible e infiel.