Ricardo José Lascano
Poeta que considera el portal su segunda casa
Esta naturaleza tiene el pecho cansado,
los ojos lluviosos las piernas manchadas
de seguir huyendo pero ya no corre
solo se protege se mira en un arroyo
se seca las majillas y se vuela
en una mariposa enamorada.
Hace un par de vidas que la veo triste.
Pero en ninguna habló conmigo.
No encontré la manera de guardarla:
Aquí se inmolaron las ventanas
en jardines altos para el hombre
mis manos solo saben del insomnio
y de suicidios de azoteas,
vos antes me enseñabas una ruta a mi silencio,
luego los relámpagos, la forma
en que desvestía tanta soledad en nosotros
de otra vez que no fuera
en las arterias viciadas de neón
en tu oído inmenso lastimado
con el grito de la voz quebrante
pero nos han mentido,
te han ocultado, te han resucitado veces
diseminado, corrompida tu piel de aroma
tu sueño extendido y como vos nadie
nadie pudo detenerlos, ni la palabra
ni tu música, ni tu lágrima.
Nadie pudo detener sus pasos
ciegos del abismo,
nadie pudo entender su ira,
nadie pudo detenerlos.
los ojos lluviosos las piernas manchadas
de seguir huyendo pero ya no corre
solo se protege se mira en un arroyo
se seca las majillas y se vuela
en una mariposa enamorada.
Hace un par de vidas que la veo triste.
Pero en ninguna habló conmigo.
No encontré la manera de guardarla:
Aquí se inmolaron las ventanas
en jardines altos para el hombre
mis manos solo saben del insomnio
y de suicidios de azoteas,
vos antes me enseñabas una ruta a mi silencio,
luego los relámpagos, la forma
en que desvestía tanta soledad en nosotros
de otra vez que no fuera
en las arterias viciadas de neón
en tu oído inmenso lastimado
con el grito de la voz quebrante
pero nos han mentido,
te han ocultado, te han resucitado veces
diseminado, corrompida tu piel de aroma
tu sueño extendido y como vos nadie
nadie pudo detenerlos, ni la palabra
ni tu música, ni tu lágrima.
Nadie pudo detener sus pasos
ciegos del abismo,
nadie pudo entender su ira,
nadie pudo detenerlos.
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