David Martinez Vilches
Amigo de la Poesía Clásica
Madera muerta que el silencio toca,
antes navío poderoso y fuerte,
la soledad perpetua nos advierte
que ya la vida en su interior es poca.
Ataca al casco virulenta y loca
el agua por pasar el barco inerte,
ya lentamente el tiempo lo convierte
en ruinas frías, pasto de la roca.
No volverá a surcar el oleaje
este precioso Argos del olvido,
ni en sus bodegas hallará equipaje.
Perece entre la triste arena hundido
con el silencio, esclavo del paraje,
recordando, quizá, lo que hubo sido.
antes navío poderoso y fuerte,
la soledad perpetua nos advierte
que ya la vida en su interior es poca.
Ataca al casco virulenta y loca
el agua por pasar el barco inerte,
ya lentamente el tiempo lo convierte
en ruinas frías, pasto de la roca.
No volverá a surcar el oleaje
este precioso Argos del olvido,
ni en sus bodegas hallará equipaje.
Perece entre la triste arena hundido
con el silencio, esclavo del paraje,
recordando, quizá, lo que hubo sido.
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