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Navariel

Charly0092

Poeta recién llegado
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Es un placer verte de nuevo. Esta versión tuya es distinta a la anterior, y me gusta. Tal vez te preguntes quién soy o qué haces aquí, pero no te preocupes, las respuestas no llegarán de golpe.

Has venido a recordar. Traes contigo la sombra que dejaste en los pasillos, la sal que aún llevas en la piel y la herida que ya no sangra. No temas, porque has cruzado este umbral mil veces antes, en vidas pasadas. Siempre son los mismos pasillos, el mismo río, la misma ventana. Los mismos aromas: especias añejas, maderas, cortezas, miel de abeja y un par de ojos tristes.

Bajo tus pies sientes el mármol suave al tacto, erosionado por las memorias y los ecos de otras eras. Tu sombra aún vaga por algún laberinto de puertas, como un niño buscando a su madre entre desconocidos.

Cuando decidas cruzar, si es que decides hacerlo, ¿caminarás hacia la izquierda o hacia la derecha? ¿O tal vez te quedarás quieta, fingiendo elegir algo? Si entras a una habitación antigua, aún impregnada de su aroma, ¿te quedarías a vivir en ella, o seguirás caminando hacia las olas, hacia la roca sin vértices, esa roca que sangra hacia el mar?

Quizás te preguntes qué hay más allá del mar, de la sal, de la sangre, de los gigantes recostados en el horizonte. Quizás te preguntes quién soy.

Y aunque aún no te reconozcas, no temas. Sé que algún día lo harás.
 
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Es un placer verte de nuevo. Esta versión tuya es distinta a la anterior, y me gusta. Tal vez te preguntes quién soy o qué haces aquí, pero no te preocupes, las respuestas no llegarán de golpe.

Has venido a recordar. Traes contigo la sombra que dejaste en los pasillos, la sal que aún llevas en la piel y la herida que ya no sangra. No temas, porque has cruzado este umbral mil veces antes, en vidas pasadas. Siempre son los mismos pasillos, el mismo río, la misma ventana. Los mismos aromas: especias añejas, maderas, cortezas, miel de abeja y un par de ojos tristes.

Bajo tus pies sientes el mármol suave al tacto, erosionado por las memorias y los ecos de otras eras. Tu sombra aún vaga por algún laberinto de puertas, como un niño buscando a su madre entre desconocidos.

Cuando decidas cruzar, si es que decides hacerlo, ¿caminarás hacia la izquierda o hacia la derecha? ¿O tal vez te quedarás quieta, fingiendo elegir algo? Si entras a una habitación antigua, aún impregnada de su aroma, ¿te quedarías a vivir en ella, o seguirás caminando hacia las olas, hacia la roca sin vértices, esa roca que sangra hacia el mar?

Quizás te preguntes qué hay más allá del mar, de la sal, de la sangre, de los gigantes recostados en el horizonte. Quizás te preguntes quién soy.

Y aunque aún no te reconozcas, no temas. Sé que algún día lo harás.
Debemos utilizar el pasado como trampolín, no como sofá.

Saludos
 

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