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Navegante

Kabuki

Poeta recién llegado
Navegante


Sabes mi nena,
de escudos de león, de polvo de luceros,
el andén de los machos cabríos
también es huevo sobre mármol.
Descubrimiento de Cristoforos.
Carabelas que sus bocas no pronuncian vocal.


Él dibujó la espuma en la pata
de la gaviota, la subida de
un sol de ébano en los arcos del Mirabeau.


Pues descubrir tierras,
donde del barro es tu cuna,
y las costillas, tu xilófono;
es deber a quien toca el saberse poseso
de los collares del alba.


Pero es una noche bañada
en pleamares azules.
Pero es un día trepada en
el lomo del jardinero.


Dos cenas, la de los dientes
del piano, la servilleta en triangulo,
y los cigarros sueltos en el saco.


Dos cenas, la de dormir
sobre tu pecho tibio y la de
los labios con aliento a uno y a Dios.
La del muslo desnudo
y no desnudo, pues la piel son
como sabanas y el corazón
como hogar.


Ahí te ves,
con el espejo celoso, con los tablones
que rugen al sentir tu pálida palma de pie,
con tu pantalón a media cintura,
con tus ojos de cristal.


...Y con esos mismos ojos,
de patria, me ves, con el pelo rebelde,
el ego temeroso y buscando
Des en el alfabeto.


Tal vez sea triste pensar
en pozos y distancias, en silos y carreteras,
pero la rueda es a fuego
como la lluvia a deseos.
Final del violeta, magenta, amarillo,
lila en el huerto del duende.
¡Tesoros! ¡Baúles de chapas de charol!
Olor de trébol, camastro de Irlanda.
Agua-vid sobre tus sienes
y corona de laureles en tu puño.


Es así, al colocarse
la guitarra electroacústica
sobre la pierna de hierro, arco sin triunfo
si es que no pesa la suma
de tu torso y cuerpo.
Sí, muchas rosáceas tizas en mi cuello
y a la bufanda ocre, que inhóspita
se resbala al suelo,
observando con desdén el Teatro.


Y sueñas, lo que el sobre de navidad
no contiene, lo que la bota en la sopa
no produce, lo que esos papelitos tratan de decir y
no dicen y se hacen llegar
fácilmente al comerte un bife.


Sueñas, el discurso silencioso de la playa,
el color bajo del caracol,
el minarete que iza en valle lejano y
en esa mezquita tibetana donde me ves llorar.
 
Última edición:
Navegante



Sabes mi nena,
de escudos de león, de polvo de luceros,
el andén de los machos cabríos
también es huevo sobre mármol.
Descubrimiento de Cristoforos.
Carabelas que sus bocas no pronuncian vocal.


Él dibujó la espuma en la pata
de la gaviota, la subida de
un sol de ébano en los arcos del Mirabeau.


Pues descubrir tierras,
donde del barro es tu cuna,
y las costillas, tu xilófono;
es deber a quien toca el saberse poseso
de los collares del alba.


Pero es una noche bañada
en pleamares azules.
Pero es un día trepada en
el lomo del jardinero.


Dos cenas, la de los dientes
del piano, la servilleta en triangulo,
y los cigarros sueltos en el saco.


Dos cenas, la de dormir
sobre tu pecho tibio y la de
los labios con aliento a uno y a Dios.
La del muslo desnudo
y no desnudo, pues la piel son
como sabanas y el corazón
como hogar.


Ahí te ves,
con el espejo celoso, con los tablones
que rugen al sentir tu pálida palma de pie,
con tu pantalón a media cintura,
con tus ojos de cristal.


...Y con esos mismos ojos,
de patria, me ves, con el pelo rebelde,
el ego temeroso y buscando
Des en el alfabeto.


Tal vez sea triste pensar
en pozos y distancias, en silos y carreteras,
pero la rueda es a fuego
como la lluvia a deseos.
Final del violeta, magenta, amarillo,
lila en el huerto del duende.
¡Tesoros! ¡Baúles de chapas de charol!
Olor de trébol, camastro de Irlanda.
Agua-vid sobre tus sienes
y corona de laureles en tu puño.


Es así, al colocarse
la guitarra electroacústica
sobre la pierna de hierro, arco sin triunfo
si es que no pesa la suma
de tu torso y cuerpo.
Sí, muchas rosáceas tizas en mi cuello
y a la bufanda ocre, que inhóspita
se resbala al suelo,
observando con desdén el Teatro.


Y sueñas, lo que el sobre de navidad
no contiene, lo que la bota en la sopa
no produce, lo que esos papelitos tratan de decir y
no dicen y se hacen llegar
fácilmente al comerte un bife.


Sueñas, el discurso silencioso de la playa,
el color bajo del caracol,
el minarete que iza en valle lejano y

en esa mezquita tibetana donde se pueda llorar.



Bellos versos de alguien que conoce el aor en cualquier playa, grato leerle
 
Gracias por pasar, y bueno, este poema, se lo dedica a una chica,
espero que le haya gustado, sino, hmm!!...

que haré!!! jaja

Chau!
 

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