Náyade
Esplendente es como un cielo de turquesas,
tu sonrisa que acaricia encantadora,
germinadas en el alma son las fresas
que maduran en tu boca tentadora.
Es tan suave como el fruto de la higuera
la sedosa piel que siento palpitante,
son tus labios y mejillas la dulcera
que promete un alborozo delirante.
Y tus ojos, dos luceros ¿Qué se hicieron
los traslúcidos espejos del amor,
que las puertas de la gloria ayer me abrieron
y hoy cerrados, me deniegan su dulzor?
No deseo te devuelvas a los ríos,
ni a las fuentes que desnudan tu hermosura,
si, residas en los pensamientos míos
para siempre disfrutar de esa ternura.
El placer, sentir, de tu sensual hablar
la fragancia de tu cutis inhalar,
de esos labios el almíbar saborear,
y el enigma de tus ojos descifrar.
Agustín del río
Esplendente es como un cielo de turquesas,
tu sonrisa que acaricia encantadora,
germinadas en el alma son las fresas
que maduran en tu boca tentadora.
Es tan suave como el fruto de la higuera
la sedosa piel que siento palpitante,
son tus labios y mejillas la dulcera
que promete un alborozo delirante.
Y tus ojos, dos luceros ¿Qué se hicieron
los traslúcidos espejos del amor,
que las puertas de la gloria ayer me abrieron
y hoy cerrados, me deniegan su dulzor?
No deseo te devuelvas a los ríos,
ni a las fuentes que desnudan tu hermosura,
si, residas en los pensamientos míos
para siempre disfrutar de esa ternura.
El placer, sentir, de tu sensual hablar
la fragancia de tu cutis inhalar,
de esos labios el almíbar saborear,
y el enigma de tus ojos descifrar.
Agustín del río