Ricardo Alvarez
Poeta que considera el portal su segunda casa
El pan de los vinos nutrientes derramó por la copa, y
Bellas rosas. Rosas sin espinas.
¡ OH, Cristo. Nazareno ¡
¡ Que importa que lengua hablaras ¡
no quedó ojo humano sin llorar por tu sangre.
Las espinas de tu corona para mí son rosas.
La cruz del dolor de los dolores, fue un cantar elevado al cielo.
Grito de unión para los oídos del mundo en el espacio cosmopolita.
En el universo babélico aun tu Voz repica y se empapa
como pintura retratada en matiz para el ojo que llora, y
la mano que obra.
No hubo brumas ni neblinas a la pureza de tu linaje.
En el vástago del cielo germina tu prosa.
¡ No hay dolor humano que parezca nimio a tu amor ¡
Es vano ahondar los pasillos internos del ser buscando heridas
Ya que no hay arma tan letal como la del amor que aplicaste.
Cuando la sangre se te derramó en el desierto del calvario
Como oasis de brebaje a los necesitados.
La tierra guardó en su matriz toneles de follaje,
Elixir de tu palabra y fundamento para tus futuros hijos pródigos.
Riqueza de tu legado de fe, testamento eterno de tus actos osados.
No sé sí el celeste esencia de las rosas fue tu sangre púrpura,
que baño los pastos y mares, los soles, ríos y piedras.
¡ Que importa el color de tu piel ni el matiz de tu pelo ¡
No sé si hablaste en Hebreo o Latín, Idish o dialecto
El moho aún se hace hierba en tu jardín,
a la palabra de Tu Canto Universal.