Fernando Yanes
Poeta recién llegado
No acostumbro beber de la copa, de la que otros labios se han servido,
dejando en su fondo tan solo la hez amarga
del desamor y el olvido.
No es prudente beber de la copa de vino envenenada
de pasiones confusas y deseos de venganza
si al humedecer en el negro liquido mis labios, sangran
y un frío de muerte enluta el aire y me envuelve el alma.
Se cierne sobre mí como una sombra,
Y me hiela el corazón de temor cuando me abraza,
aparto su imagen del recuerdo
y vuelve a posarse en el dintel de mi ventana.
¿Como arrojar de tu rostro la mentira,
que como mascara es tal falsa y tan fingida?
¿puedo ignorar el sino adverso,
Que contra toda razón encendió en mi pecho
una pasión tirana?
dejando en su fondo tan solo la hez amarga
del desamor y el olvido.
No es prudente beber de la copa de vino envenenada
de pasiones confusas y deseos de venganza
si al humedecer en el negro liquido mis labios, sangran
y un frío de muerte enluta el aire y me envuelve el alma.
Se cierne sobre mí como una sombra,
Y me hiela el corazón de temor cuando me abraza,
aparto su imagen del recuerdo
y vuelve a posarse en el dintel de mi ventana.
¿Como arrojar de tu rostro la mentira,
que como mascara es tal falsa y tan fingida?
¿puedo ignorar el sino adverso,
Que contra toda razón encendió en mi pecho
una pasión tirana?