Ni de azul celeste ni blanco radiante
con mis ropas visto;
ni cristales rotos ni sonrisa fulminante
yo muestro, mas existo.
Mis dedos no tienen cabida
en aquel bosque negro;
mis manos, aún frías
ni deslumbran, ni buscan premio.
Rasgado el telón negro
sólo queda un oscuro amanecer eterno;
y si rasgada la esperanza encuentro,
estaría en aquel oscuro y frío infierno.
con mis ropas visto;
ni cristales rotos ni sonrisa fulminante
yo muestro, mas existo.
Mis dedos no tienen cabida
en aquel bosque negro;
mis manos, aún frías
ni deslumbran, ni buscan premio.
Rasgado el telón negro
sólo queda un oscuro amanecer eterno;
y si rasgada la esperanza encuentro,
estaría en aquel oscuro y frío infierno.