NEGROS CABALLOS DE LA NOCHE
Los negros caballos de la noche
negra niebla negro aliento
piafan tras los muros en esquina
Aguardan la primavera en forma de madrugada.
Por las ventanas abiertas
respiran los dormitorios
en los que el placer descansa
Sedas y terciopelos ultrajados con el semen y el sudor de los amantes
Los ojos de los caballos brillan como diamantes
Son las últimas estrellas
desgajadas del fragor de la batalla
Fusiles erizados por las ansias asesinas
son la calma y contrapunto
de esas batallas de amor y carne.
En la calle amedrantada gime el perro de mi entraña
ese can enloquecido ese hombre que me acompaña
somos furia y efervescente discanto
que buscan entre los negros caballos de la noche
un ansia de madrugada.
El cántico de maitines se escapa
por las piedras mal ajustadas de la catedral antigua
El espíritu de los monjes canta
y es bálsamo salutífero como el agua de la fuente
como el fresco musgo
como tus manos en mi alma.
Es un azar que te sueñe
como un caballero antiguo
entre las rocas de su exilio
Es un azar que te sueñe
desde mi locura mansa.
Imágenes hechas trizas nacen de mi íntimo ardor
Como si de los negros caballos fueras reflejo y angustia
brotas mármol frío como tumba
allí descansaré cuando los monjes terminen
su canción y mi embeleso.
Azar mío
emanación de los vapores que mi cuerpo corrupto exhala
quiero prenderte en palabras como garfios
quiero traspasar contigo esas ventanas
y mancillar con mis vahos las sedas y terciopelos
hacer del lecho ajeno nuevo campo de batalla.
Mis oídos traen recuerdos de los cristales manchados
trizados por los sedientos caballos negros de la noche
que aguardan tras las esquinas
atisbos de madrugada.
Los negros caballos de la noche
negra niebla negro aliento
piafan tras los muros en esquina
Aguardan la primavera en forma de madrugada.
Por las ventanas abiertas
respiran los dormitorios
en los que el placer descansa
Sedas y terciopelos ultrajados con el semen y el sudor de los amantes
Los ojos de los caballos brillan como diamantes
Son las últimas estrellas
desgajadas del fragor de la batalla
Fusiles erizados por las ansias asesinas
son la calma y contrapunto
de esas batallas de amor y carne.
En la calle amedrantada gime el perro de mi entraña
ese can enloquecido ese hombre que me acompaña
somos furia y efervescente discanto
que buscan entre los negros caballos de la noche
un ansia de madrugada.
El cántico de maitines se escapa
por las piedras mal ajustadas de la catedral antigua
El espíritu de los monjes canta
y es bálsamo salutífero como el agua de la fuente
como el fresco musgo
como tus manos en mi alma.
Es un azar que te sueñe
como un caballero antiguo
entre las rocas de su exilio
Es un azar que te sueñe
desde mi locura mansa.
Imágenes hechas trizas nacen de mi íntimo ardor
Como si de los negros caballos fueras reflejo y angustia
brotas mármol frío como tumba
allí descansaré cuando los monjes terminen
su canción y mi embeleso.
Azar mío
emanación de los vapores que mi cuerpo corrupto exhala
quiero prenderte en palabras como garfios
quiero traspasar contigo esas ventanas
y mancillar con mis vahos las sedas y terciopelos
hacer del lecho ajeno nuevo campo de batalla.
Mis oídos traen recuerdos de los cristales manchados
trizados por los sedientos caballos negros de la noche
que aguardan tras las esquinas
atisbos de madrugada.