Porfirio Mayo
Poeta recién llegado
Había flores de lirios en las lagunas y en las pozas
-sonrisas de dioses malvados y engañadores-.
Nos sentábamos a orillas de las lagunas para mirar, oler y tocar a
Los nenúfares que se esparcían por el fango y las aves acuáticas
Picoteaban con furia nuestras manos y nuestras cabezas;
Azuzábamos con nuestras manos a las iguanas que se
Encaramaban en las ramas de los Cuajilotes que había en las
Orillas de los charcos y estas nos caían en la espalda arañándonos
Con sus garras,
Escuchábamos el turbio, misterioso y tétrico canto de las ranas y
Terminábamos perturbados y terminábamos llorando
Después de escuchar tan conmovedores cantos.
Tanta belleza profunda y nosotros sin entender nada...
Hay un pájaro oculto en el ramaje
Hay un pájaro seduciéndonos con sus trinos,
Hay un pájaro hiriendo nuestros sentidos
Con sus alas, con su timbre con su pico y
Sólo alcanzamos a divisar el bulto en los cabellos del árbol
Y sólo atinamos a escuchar petrificados su hipnótico canto.
Hay un pájaro oculto en nuestro nido
Hay un pájaro oculto en nuestra sombra intentando
Penetrar en nuestro cuerpo para zarandearnos el alma,
Para atizar con su ardiente canto nuestras débiles brasas
Y débilmente articulamos un gesto lastimero
Y débilmente balbuceamos unas inentendibles palabras
Y débilmente nuestras defensas entregan su dotación de sangre.
Los conejos aún descansan en sus camas
El sol llega para acariciar nuestro cuerpo y nuestra cara
Los arboles sacuden sus plumas, sacuden el agua de sus ramas.
El árbol de guanábanas no tardará en regalarnos sus frutos
De ha mientras... beberemos el perfume de sus flores extrañas.
Hay una mariposa perdida en las flores violáceas de los zarzales
Intentando zafarse de un telar de arañas hambrientas y malvadas.
El rocío se despide de sus alas mojadas
La mañana despide sus esquirlas de oro y plata
En este trópico ardiente
Los dardos solares caerán sobre nosotros
Como doradas espadas.
Con los ojos cerrados nos esconderemos detrás de los
Matorrales mientras llega la tarde amada;
Como los nidos que hacen los pájaros amarillos
Colgaremos nuestro cuerpo de las ramas de los robles.
Colgaremos del día nuestros disparates y dislates.
Por la tarde arrullaremos algún ave con las alas rotas.
Por la tarde arrebataremos unas ranas de las fauces de las
Culebras -solo si estas dan esos gritos perturbadores-,
Por la tarde atraparemos en las huertas un conejo para que
Lo haga en un adobo de chiles rojos nuestra madre
Antes de que caiga la noche cenaremos y luego
Daremos sus alimentos a las gallinas y a los puercos.
Los Nenúfares se marchitaron a media tarde,
Mañana, las flores resucitarán como los muertos
Resucitan en ese libro de cuentos extraños;
Por las noches las flores nocturnas dormirán en nuestros sueños,
Esparcirán sus aromas perfumando nuestros miedos
Azuzarán el espanto que llevamos dentro.